19/11/20

Poemas de Jorge Luis Borges

 


Mateo XXV 30

El primer puente de Constitución y a mis pies

fragor de trenes que tejían laberintos de hierro.

Humo y silbatos escalaban la noche,

que de golpe fue el Juicio Universal. Desde el invisible horizonte

y desde el centro de mi ser, una voz infinita

dijo estas cosas (estas cosas, no estas palabras,

que son mi pobre traducción temporal de una sola palabra):

—Estrellas, pan, bibliotecas orientales y occidentales,

naipes, tableros de ajedrez, galerías, claraboyas y sótanos,

un cuerpo humano para andar por la tierra,

uñas que crecen en la noche, en la muerte,

sombra que olvida, atareados espejos que multiplican,

declives de la música, la más dócil de las formas del tiempo,

fronteras del Brasil y del Uruguay, caballos y mañanas,

una pesa de bronce y un ejemplar de la Saga de Grettir,

álgebra y fuego, la carga de Junín en tu sangre,

días más populosos que Balzac, el olor de la madreselva,

amor y víspera de amor y recuerdos intolerables,

el sueño como un tesoro enterrado, el dadivoso azar

y la memoria, que el hombre no mira sin vértigo,

todo eso te fue dado, y también

el antiguo alimento de los héroes:

la falsía, la derrota, la humillación.

En vano te hemos prodigado el océano,

en vano el sol, que vieron los maravillados ojos de Whitman.

Has gastado los años y te han gastado,

y todavía no has escrito el poema.

 

Ajedrez

I

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?

El Golem

Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de ‘rosa’ está la rosa
y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo
«esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga.»
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. ‘¿Cómo’ (se dijo)
‘pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?’

‘¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?’

En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?




Ya no es mágico el mundo. Te han dejado. 
Ya no compartirás la clara luna 
ni los lentos jardines. Ya no hay una 
luna que no sea espejo del pasado, 

cristal de soledad, sol de agonías. 
Adiós las mutuas manos y las sienes 
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes 
la fiel memoria y los desiertos días. 

Nadie pierde (repites vanamente) 
sino lo que no tiene y no ha tenido 
nunca, pero no basta ser valiente 

para aprender el arte del olvido. 
Un símbolo, una rosa, te desgarra 
y te puede matar una guitarra. 

II 

Ya no seré feliz. Tal vez no importa. 
Hay tantas otras cosas en el mundo; 
un instante cualquiera es más profundo 
y diverso que el mar. La vida es corta 

y aunque las horas son tan largas, una 
oscura maravilla nos acecha, 
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha 
que nos libra del sol y de la luna 

y del amor. La dicha que me diste
 
y me quitaste debe ser borrada; 
lo que era todo tiene que ser nada. 

Sólo que me queda el goce de estar triste, 
esa vana costumbre que me inclina 
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

.

 

Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899 - Ginebra, 1986)

17/11/20

Mario Montalbetti




Disculpe, ¿es aquí la tabaquería?

 

Nadie dice todo. Nadie dice nada.

Lo deseable es decir poquísimo.

Callar no es más radical.

Callar es como raparse la cabeza:

el pelo vuelve a crecer.

Pero decir poquísimo, decir lo mínimo

que uno puede decir,

eso es lo que nos permite decir algo.

 

Ya no te quiero, pequeña


Ya no te quiero, pequeña
ahora amo a los caballos.

Mañana amaré a las islas
y pasado será alguna ave.

(Tal vez en tres años
te vuelva a amar).

Y luego serán las vacas
pintas y luego serán
los minerales —tú sabes, el
cobre, el hierro, el—
y luego serán las ciudades
(alguna que otra jirafa)
y luego los puentes.

Antes un arcoiris que amarte, pequeña,
ya no te quiero
ahora amo a una mujer
que disuelve sus cuerpos
en las lluvias del otoño
iluminada/ anudada/ inundada
por el neón brillante
del poste de alumbrado público.

(Oh pequeña)
ya no (te quiero
Oh mujer)
ya no te quiero

sólo amo a las calles que me alientan
hacia la noche mientras la noche
ya no es noche sino mar y el mar
tumba de sonámbulos océanos, licor.

 

Objeto y fin del poema

Es de noche y tiene que aterrizar
antes de que se acabe el combustible.
Así terminan todos sus poemas,
tratando de explicar con un lenguaje
público un sentimiento privado
Su ambición es el lenguaje del piloto
hablándole a los pasajeros
en medio de una situación desesperada:
parte engaño, parte esperanza, parte verdad.
Todos los poemas terminan igual.
Hechos pedazos contra un cerro oscuro
que no estaba en las cartas.
Luego hallan los restos: el fuselaje,
la cola como siempre, intacta,
el olor a cosa quemada consumida por el fuego.
Pero ninguna palabra sobrevive.

 

Magnificant

Después del trabajo remunerado, inmune,
casi nupcial, y de cuidar al hijo
que no caiga, y de hacer nocturno el amor,

apago los megavatios
y bebo alcohol hasta las puntas
(alcohol munerado, mune, casi nupcial)

y luego veo entre las costillas de las persianas

el alba naranja como una papaya madura
que cae del cielo
y se hace añicos sobre el pavimento.

 

Para la tempestad

A comienzos de año escribí un poema que comenzaba
el sol cae, las estaciones se suceden, las nubes flotan sin dirección.
Luego de unos cuantos versos más empleando ese tono más bien oriental
quebré el progreso del poema y dije
cambio todo eso por una sopa dan dan mian
llena de vida mamífera flotando arruinada en su superficie.
El poema era sobre el chifa Hou Wha en Miraflores,
un restaruant elegante en Carlos Tenaud con Paseo de la República.
La elección del local no es gratuita: es el chifa
predilecto del Presidente García. Ahí va con sus amigos,
ahí celebra, ahí se reúne, festivo, consigo mismo.
El proceso retórico que quería emplear era el de comparar
la descuartización de cangrejos, la ingesta de ostiones,
las manchas de sillau en los manteles blancos,
las fuentes de chancho asado devueltas a medio comer,
y las risas humanas que emergen de los apartados,
con ciertos excesos que ocurren en el país.
Entiendo que hablar de comida es feo
pero a veces la verdad se dice en listas:
nabos fríos, tamarindos, huesos de pato, té lapsang.
Es un poema largo en el que también hablo de un cuadro
que cuelga sobre una mesa laqueada
en el que con un mismo trazo el artista dibuja
los acantilados y la luna.
En un pasaje del poema, a través de una de las ventanas del chifa,
aparece un taxi transitando por Paseo de la República
con una calcomanía del Che en la luna posterior y escribo que eso
(una calcomanía del Che en la luna posterior de un taxi)
es lo más cercano que hemos llegado al socialismo en este país.
El poema acaba poco después con los versos
es inútil, la naturaleza ha muerto.
Lo titulé “El Chifa de García” y no está mal
pero no expresa verdaderamente lo que quiero decir.
Se parece demasiado a otros poemas que he escrito antes,
y habla justamente de comida que es uno de esos excesos
en contra de los cuales apuntan sus versos.
Luego de ese poema escribí otro que lleva por título “Dinastía Wong”.
“Dinastía Wong” habla sobre el monumento al Becerro de Oro
que se ha construido en San Isidro y que es un lugar de peregrinación
de agentes de bolsa, administradores, MBAs, economistas, inversores,
expertos en liderazgo, cambistas de dólares y emprendedores.
El poema está situado en un futuro no muy distante.
Hay un par de versos en los que escribo
el emperador y los mineros tienen sus aposentos
en el valle de Pachacama. La capital ya no existe.
El ambiente es más bien desagradable. Escribo
toda la comida es carne humana y rábanos
que han resultado ser singularmente resistentes.
El poema tampoco está mal pero otra vez se parece demasiado
a cosas que ya he escrito antes y por eso no me agrada del todo.
Luego de ese par de poemas, dejé de escribir y pasó el invierno.
Fue entonces que Nicolás Cabral llamó a invitarme a escribir
en La Tempestad y no sabía bien qué decirle.
Por un lado quería aceptar pero por otro
no tenía nada nuevo que pudiera enviarle y repetir lo mismo
me parece auto-complaciente y finalmente, aburrido.
Los poemas no dicen gran cosa estos días.
Mis poemas no dicen gran cosa estos días.
Resolví entonces hacer lo siguiente: primero, explicar la razón
de mi silencio (que ahora ya la saben: todo lo que escribo ahora
se parece demasiado a lo que he escrito antes) y segundo excusarme
o tal vez repetir los versos finales de “El Chifa de García”:
es inútil, la naturaleza ha muerto.

 

 

 Mario Montalbetti (Perú,  Callao 13 de febrero de 1953)  Lingüista, ensayista y poeta peruano. 

"Hay dos tipos de escritores: uno que cree en el lenguaje, que puede agarrarlo del pescuezo, retorcerlo y hacerlo decir lo que se quiere; y otro que cree que en el fondo el lenguaje está hablando a través suyo"

Profesor universitario de posiciones incómodas con el poder de turno –ha anunciado su intención de pasearse por la vía principal de la Universidad Católica, “mismo Diógenes”, con la linterna de su celular buscando “una universidad honesta”-, lingüista educado con Noam Chomsky y en Jacques Lacan, y poeta interesado en los poemas que hacen borde con el lenguaje, el interés en su persona y en su obra ha crecido exponencialmente en los últimos años.


20/12/19

Jorge Luis Carranza


 Del libro Casi silencio

Debajo del agua se está bien
hay un silencio sereno.
Uno está con uno
y su respiración.
Pero hay que subir a la superficie
cada tanto.
Ir hacia lo profundo
y quedarse allí sería letal.
Y afuera,
un mundo brutal y hermoso.
El otro y sus dentelladas.
El otro y su ternura.
El otro depredador.
El otro y su pequeña emoción.
El otro que nos completa.
Hablo de seres anfibios.
Mamíferos hambrientos
y sedientos de soledad.
De abrazos.
De abrazos y soledad.
.
Del líbro Banderas

Igual
Boca arriba
boca abajo
de costado
duele igual
Noches en vela
yendo y viniendo
por la parte oscura
del alma
Solo la conciencia
y su filo
Uno con uno
y nadie más
Boca abajo
boca arriba
de costado
duele igual
.
Al reparo
cada tanto
un manotazo se lleva
gente querida
¿Qué hacer
con el ramito de afecto?
¿dónde ponerlo?
Por lo pronto
lo apoyo
en estas líneas
en el silencio
que las sostiene
Al reparo
Lejos del viento sur.

Jorge Luis Carranza nació en Río Cuarto, provincia de Córdoba, Argentina en 1957.
Ha publicado libros de poesía y haikus. Instantáneas, edición de autor en 2005; Terrazas, Alción Editora en 2011, Taichi de Alción en 2014; Casi Silencio de Alción en 2017 y Banderas, de Alción Editora, en 2019.




3/12/19

Camila García Reyna


ya no creo en el cielo ni en el infierno
dudaría incluso de las reencarnaciones
como postura
para atender ahora
qué importa a dónde van
si van
lxs muertxs
no me preocupa si la pasarán mejor
aunque peor me cuesta imaginar
de más está decir
existen
estarán en lo exacto
como la estrella y el pez
la luz
los agujeros negros
   
no alcanzo a conocer su empuje ni su estela
apenas interpreto
percibo circunstancias
ninguna claridad
pero con “mis” muertxs
privadxs públicxs
voy ligandome
como una flor a un jardín
les doy margen en la memoria del agua que me nutre
les celebro
les dedico
esta manera de ser vida
con su perfecta porción de muerte
ineludible
el mismo vestido
hilvanado
con igual aguja
felices todos nuestros días
como los días del mar
que merece la orilla
sin dilaciones.
quiero a mi soledad como se quiere a un árbol
que da frutas y sombra en su justa medida
generosa
me dejo alimentar
descanso en ella
me siento acompañada
agradecida
aún sabiendo que no existe
como no existe el árbol sin el suelo
sin la hormiga
sin el agua
como no existe la sombra sin el sol
¿quién podría estar en soledad en un mundo súper habitado?
¿qué existencia es capaz de recortarse de la vida fluyendo?
por mi parte
le pertenezco al río
a la tierra
a la raíz
al águila
al corazón humano
a lo asombroso
al movimiento

Camila García Reyna nació el 27 abril de 1987 y es cordobesa criada en Cruz del Eje y Arroyito. Escribe sobre todo poesía. También juega y por eso publica libros y recita y lee, y participa de puestas teatrales y musicales, y coordina talleres de escritura y tejido para adultos, y de lectura y escritura lúdica para niños. Es Licenciada en Letras Modernas y apasionada por el mate y la comida deliciosa. Es un poco solemne, una pena, pero como se lo permite también se divierte con eso. En este espacio de amor habrá una porción de poesía que es una forma de aprender la paz, de reconocerse, de recordarse, de entregarse, de compartirse siendo. Un deseo de encontrarse en las hermanas, de respetarse, de estarse queriendo, de respirar lo que elegimos, confiadamente, un poco más alegres cada vez.

2/12/19

Fabio Cardarelli


Algo ocurre cuando descubrís
un mapa oculto en el entramado de una pluma
algo se ilumina o despierta
una cicatriz un sudor un ocaso
pero si un día cualquiera
vas cruzando la ciudad y te ataca un perro
no corrás
ese animal se inquieta cuando se aproxima algún espíritu
una sombra una pena un cuerpo deshabitado
reconoce
la descomposición de la carne
la sin sabor
la que no fue amada
ese animal persevera en lo profano
calibra sus colmillos en la fe del que lo alimenta
y solo lamerá las manos de los vivos
podés ensayar un conjuro
un nombre azaroso
explicarle que pescar y desear un dios se parecen
en ambos casos
algo guardás y algo devolvés al agua
pero sin correr
la piedad se construye corriendo
y es una casa absurda
ese animal te vio
olfateó tu tristeza
en la cuerda invisible del tiempo convivió contigo
conoce
tu zona blanda
en la que clavará sus dientes.


Aseávamos el desierto
y fue el inicio de nuestro herror
no agotavamos las conbersaciones
las interrumpíamos con ligeros pretextos
mecían latiendo en la corniza
sin fin
la vuelta en el zodíaco
sin fin
menudencias de la bida
como una apostasía intermitente
premeditada
un laverinto de caídos cotidianos y
el herror
sin fin
fuimos
un herror manso y hermoso
íbamos al campo a ver las bacas con b larga
nos orrorizaba sin hache las desigualdades
íbamos de la mano a comprar uevos
soltábamos las redes de los peses
nos undíamos en el amor tremendo de la casa
reíamos viendo ienas en la televición
lo nuestro
fue así
una lus vertical sin esperansa
un herror
porque si algo
nos podía salbar decías
hera eso que habitamos como un juego de niño
aquello que
no nos dijimos.

Fabio Cardarelli, Villa María, Córdoba, Argentina.
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