Una tarde fue a casa para hablar con mi cuñado Contreras, su amigo, puso la guitarra sobre la mesa y luego la tocó como si fuese un piano. Eso fue lo que me impresiono de él.
Toda su vida estuvo dedicada a su gran pasión: la música. Su enorme talento e imaginación le inspiraban coplas de profundo sentir y otras impregnadas de dulce melancolía y destellos de alegría, típico reflejo del sentir popular.
Desde niño, El Chango tuvo afición por la guitarra. Con sus grandes ojos oscuros y tonada bien cordobesa, solía recordar a sus maestros de entonces el "Cabeza Colorada" al lado de quien aprendió guitarra y música, y del "Negro la Juana" un señor de los cuentos y la picardía.
Pronto, Alberdi el barrio de estudiantes, el de la plaza Colón, el del Clínicas, el de la calle Chubut. se transformaría en escenario de nueva vida folklórica; la casa del Chango es escuela de canto y guitarra; tenía cerca de setenta alumnos; y será sólo eco de serenatas, zambas y chacareras.
Según la gente de esa época, "ese lugar era de meta canto y guitarrear y por las tardes, se compraba vino, ahí en el boliche de las tucumanas ( lugar de reunión y cuenterío ) y seguía la fiesta". Estas manifestaciones, luego se inmortalizarían en zambas como, "De Alberdi", "Del Clínica", "La Refranera" (Chacarera) y "Zamba del Estudiante".
Luna cautiva
De nuevo estoy de vuelta
Después de larga ausencia
Igual que la calandria
Que azota el vendaval
Y traigo mil canciones
Como leñita seca
Recuerdo de fogones
Que invitan a matear
Y divisé tu rancho
A orillas del camino
En donde los jazmines
Tejieron un altar
Al pie del calicanto
La luna cuando pasa
Peinó mi serenata
La cresta del sauzal
Tu amor es una estrella
Con cuerdas de guitarra
Una luna que me alumbra
En mi oscuridad
Acercate a la reja
Sos la dueña de mi alma
Sos mi luna cautiva
Que me besa y se va
Escucha que mis grillos
Están enamorados
Y lloran en la noche
lamentos del sauzal
El tintinear de espuelas
Del río allá en el vado
Y una noche serena
Respira en mi cantar
De nuevo estoy de vuelta
Mi tropa está en la huella
Arrieros musiqueros
Me ayudan a llevar
Tuve que hacer un alto
Por un toro mañero
Allá en el calicanto
A orillas del sauzal.












