14/7/15

Griselda García



A la manera de una poeta de los 90


Puedo escribir los versos más sórdidos esta noche

Escribir: se me nota el peronismo a la legua

en la calle sólo me gritan obreros o mecánicos.


Un hotel en Constitución con botellas rotas

adonde vamos después de la obra

La obra no es libro ni teatro, es construcción

donde él se gana el pan con su lomo divino.


No me denuncies, por favor

todo bien morocho andino

viva la hermandad latinoamericana

Nunca podré pedir leche de tigre

en un restaurante sin sonreír

Es de familia: mi madre, mi hermana y yo

tres camioneras, una grosería tras otra

chistes de mal gusto, recuerdos del almacén

de cuando esparcimos a papá en el río.


Puedo escribir los versos más sórdidos esta noche

Escribir: a través del denso vapor de la ducha

el morocho tensa los músculos aceitados

Siempre que un hombre se acerca da miedo

tanta masculinidad acechante inquieta


Hundo los dedos en la espesura de su pelo

y cuando la cabeza se vence en un grito

la mujer de la limpieza no sabe ni quiere saber

qué le ha ocurrido al pasajero de la habitación 23


Foto: Smith, Jekell and Hyde 

9/5/15

Sobre la identidad

GRACIAS LAS QUE NOS ADORNAN
Hoy me llegó mi documento nacional de identidad que acredita que me llamo Camila Sosa Villada y soy de sexo femenino.
Hoy inevitablemente se cierra un capítulo en mi vida. Como toda bajada de telón, como todo final de capítulo, algo en si mismo se resuelve y algo queda abierto, para siempre. Hoy con el documento en la mano, con esa foto por primera vez espléndida, reluciente, con esa mueca espantosa en la que nos detienen, puedo decir que todo está por venir. Otra vez, nacer de nuevo. Otra vez, inventarse nuevos motivos para seguir la marcha. Nuevos hogares me esperan, nuevas banderas me ondean, nuevas batallas me atemorizan.
Hace 31 años mis viejos tuvieron un hijo. Me llamaron Cristian Omar Sosa Villada. Fui un niño entrañable. Tenía perros que amaba, amigos que amaba, aprendí a leer solo, aprendí a escribir solo. Era un niño querido. Escribía poemas. Armaba muñecos, robots, a escondías me pintaba con los maquillajes de mi vieja. Me enamoraba en secreto de mis compañeros de banco, de mis profesores. Fui un niño que conoció muchas tristezas de golpe. No alcancé a aprender a mear de parado y ya me había enemistado para siempre con mi papá. Me crié en el campo, me crié de mudanza en mudanza, entrenándome en conocer gente nueva todo el tiempo, casas nuevas, refugios nuevos. Fui creciendo, creciendo, y ya no fue posible negar todo el tumulto que se agitaba dentro de mí. En ese momento me sentía una mujer. Hoy me doy cuenta que nunca supe cómo sienten las mujeres, ni los hombres. Hoy puedo hablar sobre cómo me siento yo. Y eso no es poco decir. Hoy siento así: soy un ser partido a la mitad por las trampas del destino, por los mandatos que se disfrazan de destino y te hacen creer que hay cosas irreversibles, por los designios que secretamente guardan para determinado tipo de personas, para determinado tipo de pueblos, para determinado tipo de almas. Hoy estoy partida en este pasado, con ese hombre que fui y que estoy orgullosa de haber sido, aún cuando sabía para siempre que en algún momento iba a terminar enfundándome en un vestido y subida a un par de tacos altos. Aún así, escondiéndome incluso de mi misma, de ese destino con el que le retrucaba a mis viejos, a la gente, a los maestros, a los curas y a todos los que se pensaron con derecho sobre mi alma.
Hoy soy este presente y también soy todo ese pasado, exactamente la mitad y mitad. Lo que me resta de vida, seguramente lo viviré como Camila. Pero de ningún modo habré de borrar de mi registro a ese pibe que se la pasaba solo en los recreos mirando como los demás tenían tan servido el banquete. El pibe que se quedaba callado, que se disfrazaba de todo lo que podía para que cuando se vistiera de mujer no sorprendiera tanto. El pibe que se enamoraba de sus profesores, de sus compañeros y siempre se quedaba callado. El pibe que no podía llorar, que no podía pedir ayuda, que no podía hacer una mierda consigo mismo. Ese pibe anulado, está hoy dentro de mí, todavía esperando bocados de paz, los pocos bocados de paz que le arrojo cuando me sobra algo.
No tenemos idea de cuán pasado somos. Cuan tiempo pasado somos.
Hoy este documento que dice que al menos para el país ya no soy ese pibe, me hace pensar en la lucha de Attta por demostrar que las travas tenemos alma. Por la lucha más legítima, más real, más honesta que es no morirnos en la calle, no morirnos de hambre, no morirnos sin trabajo. Attta debería ser un ejemplo para todas las organizaciones políticas del país, desde las más progresistas hasta las más retrógradas, porque lleva consigo una lucha genuina, la lucha primaria de los seres humanos: la dignidad. La ley de identidad de género, es una ley sobre la libertad, sobre el derecho a decidir sobre una misma, pero de ningún modo es una ley que venga a solucionar nada, porque las travestis, lejos de las modas, lejos de esta humanidad unificada, de las modas y de los mandatos, somos lo que mostramos. Llevamos lo que somos en la frente, en las tetas, en las pelucas, en las manos. Somos travestis, y no hay manera de ocultarlo. Incluso las más femeninas, las más pequeñas, por las que se juraría que son mujeres hechas y derechas, llevan la marca de Caín, la marca que indica que un día nos cagamos en todo y decidimos ser lo que quisimos ser.
El ojo con que nos miran los demás, el resto, no se apiada con una ley de identidad de género, no se vuelve más tierno con una ley de identidad de género. Ese ojo no se vuelve más gentil ni más solidario, ni más empático ni más amoroso.
Ese camino se construye de a poco.
Lo construimos todas las que nos travestimos en los pueblos de mierda donde crecimos, todas las que nos travestimos y soportamos que la gente que más amábamos nos diera la espalda. Lo construimos haciendo trámites y mostrando un D.N.I. en el que figuraba nuestro nombre de varón y teníamos que explicar quiénes éramos. Lo construimos todas las travas que anduvimos en la calle sin gusto, que fuimos a buscar trabajo y se nos rieron en la cara, lo construimos todas las travas que comenzamos a ocupar los lugares que no nos estaban habilitados, desde el bolichón más chongo y cuadrado hasta la universidad. Lo construyó Cris Miró y Pía Baudraco. Lo construimos todas las travas que nos agarramos a las piñas con cuanto boludo nos insultaba por ser travas. Lo construimos cada vez que nos veíamos cara a cara con la policía, con la burocracia, con el rechazo. Y también lo construyeron nuestros amigos, los verdaderos, los que nos abrazaron cuando estuvimos tristes, los que nos trajeron comida cuando las temporadas de putanear se ponían duras. Lo construyeron también los que se dejaron tocar por lo hondo que teníamos dentro y no por nuestra apariencia. Qué mundo de mierda este que me encuentra diciendo los lugares comunes.
Hoy, yo, que siempre fui rebelde y que siempre fui por el camino contrario, no se por qué, tengo que revisar por dónde continúo la guerra. De qué manera manifiesto, de qué manera lucho. Esa lucha sencilla por hacer entender a la burocracia que soy Camila en este momento de mi vida, hoy se termina. Y tengo una enorme nostalgia de ello. Una enorme tristeza me separa de aquellas guerras. Hoy que tengo otras puertas abiertas delante de mí, espero estar a la altura de lo que se viene. Hoy queda todo por decir y por hacer. Todos los bosques que hacer renacer, todos los hambres que saciar, todas las penas que amansar. Hoy queda mucho territorio y agua dulce que defender. Mucha cultura que mantener latiendo. Hoy hay mucho que recordar.
Hoy, las travestis nos sentamos a su mesa, tomamos de los mismos vasos que ustedes toman, comemos lo mismo que ustedes, compramos en los mismos supermercados, nos vestimos con la misma ropa, compartimos los mismos hombres, nos aquejan las mismas enfermedades, taconeamos las mismas veredas.
Hoy las travestis estamos despertando del letargo en el que nos mantuvieron criogenizadas. El ataúd de la sombra y la discriminación está terminado.
Hoy la tienen adentro señores y van a tener que aprender a vivir con eso.

Camila Sosa Villada.



25/4/15

Nacional Vicente López en el recuerdo

Adiós a la querida Profe Blaustein…

Un acto de libertad

Por Carlos Semorile

(Una amiga del secundario me cuenta que los actuales moradores de nuestro Nacional de Vicente López se proponen relevar historias cotidianas del cole durante la época de la Dictadura. Parece, entonces, que el pasado siempre acecha, y que es tarea del presente conjurarlo, darle un orden, hacer un relato. Es lo que sigue a continuación: la narración de un dolor antiguo y un homenaje a quien no supimos, no pudimos, o no quisieron -otros no quisieron- prestarle una mínima esperanza en el porvenir.)
Creo que estábamos en tercer año, o sea 1978. A Blaustein, la profesora de literatura ya la conocíamos del curso anterior: buena mina, genuina vocación docente, enamorada de algunos autores que, misterios de la currícula castrense, nos dejaban leer. Hablo del “Relato de un náufrago”, de García Márquez, que es el folletín de un marino mercante que sobrevive diez días en el mar, sin comida ni bebida, luego de un naufragio de la armada colombiana. El tipo se salva y pasa a ser ídolo nacional: lo condecoran, lo besan las reinas de la belleza y, si mal no recuerdo, hasta le dan casa y dinero. Pero en las entregas de su historia, que Gabo va escribiendo y publicando, salta que el buque naufragó por el sobrepeso de las mercancías que llevaba de contrabando. Tremendo escándalo. Le sacan la casa, la pensión, las reinas ya ni lo miran, y vuelve a su mísera vida de antes, pero peor porque ahora está estigmatizado. Pregunto: ¿cómo nos dejaron leer esto los milicos? ¿Acaso creían que ellos eran tan distintos de los corruptos marinos colombianos? ¿O fue una sutileza de la Blaustein, que logró contrabandear a García Márquez para que al menos tuviésemos una idea de lo que nos estábamos perdiendo?
El año anterior, ahora que lo pienso, también nos puso cara a cara con la historia de la mano del “Martín Fierro”. Un embole, dirán algunos. Pero no. La Blaustein no paseó con maestría por el poema, y entonces ya no era una épica de tiempos idos y gauchos muertos, sino lo que ha sido y será toda la vida: un alegato de la puta madre que lo parió. Un maravilloso y trágico retrato de las injusticias y los heroísmos argentinos. Revisen nomás los autores que han escrito al respecto: Borges, Martínez Estrada, Jauretche, Hernández Arregui, Carlos Astrada, etcétera. La lista es larga y mi sapiencia es corta. Pero, además, la profe nos tiraba data extra sobre el senador José Hernández, sobre su rol como periodista, sobre sus compromisos. De ahí a descubrir que se opuso a la Guerra de la Triple Alianza había un solo paso. Ella, que por obvias razones no nos podía llevar hasta ese conocimiento, al menos nos señalaba el bondi que nos dejaba en la puerta.
Pero un día no se aguantó más. Llegó distinta, no diría que más enérgica que otras veces porque era una persona dinámica, pero tal vez sí más embalada. Pensándolo un poco, supongo que estaba cabreada, algo la había enojado mucho. La clase comenzó con esa tensión en el ambiente. Éramos tan infantiles que creíamos que el mundo se acababa cuando alguien nos decía “saquen una hoja”. Y sin embargo, ella agarró para otro lado y al rato fue volviendo a su verdadera naturaleza. Se dulcificó. Comenzó a hablarnos como nadie que yo recuerde nos habló en todos esos años. Abrió su corazón y nos dijo que no le gustaba la comunidad en la que todos vivíamos, que la oprimía. Que soñaba con una sociedad de iguales, sin hambre ni miseria, sin explotadores ni oprimidos, sin importarle que llevase el nombre de socialista, comunista, o cualquier otro. Mientras hablaba, sus propias palabras la iban emocionando. Es fácil ahora entender por qué: en el medio de la más feroz represión, se estaba permitiendo un acto de libertad.
Me parece como si la estuviera viendo, buscándonos la rebeldía en los ojos, tratando de encender los espíritus que se mantenían apagados como fuegos del cuaternario. Ella vibraba y nosotros, sus alumnos, callábamos. Con ese silencio cobarde le estábamos diciendo que su sueño nos es era ajeno, desconocido y peligroso. La vimos declinar. El clima se enfrío de nuevo, desapareció la dulzura, y en un último intento nos preguntó directamente si no nos gustaría vivir en una sociedad diferente. Le contestamos con el miedo. Pero no se dio por vencida: “¿En serio ninguno de ustedes sueña en vivir en un mundo más justo?” No se alzó ninguna mano. La profesora Blaustein contuvo sus lágrimas, nos dijo que la decepcionábamos, agarró su cartera, y se marchó mucho antes del timbre. Nos dejó solos con nuestro terror, y esta mala conciencia de no haberle agradecido nunca por haber pensado en nosotros y en lo que nos estábamos perdiendo.

Santa Fe, Argentina


27/3/15

María Julia Magistratti - poemas

AMORES

Amamos
los nombres con los que nombramos las cosas exclusivas e íntimas.
Amamos
las fibras que no pudimos dejar vivir.

Y es entonces cuando los tallos se quiebran
y aparece un limón en tu vereda;
cuando el viento recarga los objetos

cuando respondes con palabras obesas todo lo que ignoras.

Y te fracasa la maternidad de los instantes del mundo.
Y las mañanas con su caracol salpicado de rocío.

Y pides a nadie que te alcance un rosario
cuyas cuentas son de miga de pan. 


Pueblo

No me gustan las cosas que llegan por la noche.

El circo que ocupaba el descampado 
con una sigilosa extravagancia montaba sus destartaladas piezas.
Y a la mañana siguiente, en la panadería, 
unos seres animados e irreales,
ocupaban el espacio,
desorientando a los niños, los perros y las viejas
que volvían a sus casas sin el mandado.

No me gustan las cosas que se instalan por la noche
como una amenaza que se dice por lo bajo.

Los soldados que todos los 9 de julio esperaban a los gallos 
y el desfile,
hacían el chocolate en los tanques despintados,
el frío del amanecer apretaba la entrepierna 
de los raídos trajes verdes
y el casco helaba el cuero de la cabeza,
los pibes colimbas meaban la leche recién ordeñada.

Abanderados y escoltas aparecían en el horizonte 
como un sol artificial
con maestras que ya murieron de cáncer y desconsuelo.
La noche anterior, las madres almidonaban los uniformes 
y delantales apretando la plancha sobre los dobladillos, 
descargando la furia sin más de entregar a sus hijos a los ojos 
de interventores, generales, jueces, párrocos y altivas 
directoras de escuela.

Mi abuela decía “nunca crean en nada que tenga polleras: 
ni directoras ni ingleses ni sacerdotes”.

No me gustan las cosas que se instalan por la noche
como una verdad susurrada que se dice una sola vez

o una sirena
que no viene de ningún lado
pero viene hacia nosotros.


María Julia Magistratti (Azul, 1976), Pueblo. La Gran Nilson. Buenos Aires. 2015.

Foto: Archivo de la Nación

7/3/15

Poema de Elena a su gata


Hecha un ovillo,

al lado de mi cama,
duerme la gata.
Me alegra, 
me conmueve
ese dormir sereno,
sus patitas graciosas,
los bigotes brillantes,
las orejas atentas.
Qué belleza felina
tengo en mi casa.
Cuando abro la puerta
con un miau me saluda
se entrelaza en mis piernas
abrazando la vida.
Y es como un milagro,
acariciarla.

Poema dedicado a la Menina Garota - Elena de San Telmo



4/2/15

Juan Mazzadi poeta

Juan Noel Mazzadi | De los nidos de ginebra

Mis mediodías son sótanos despellejados
que el sol lastima, 
los ruidos de grillos
los roces sin piedad de zapatillas, de plumas
contra los zócalos,
los aullidos horrendos de las mariposas, la centella
de un fósforo que parte mi cerebro,
los cigarrillos que empiezan su carrera,
todo está contenido en Tu mediodía, Señor
Dios, sálvame
de esta hendida, de la caravana
de pianos de arena y de sus frases
que ya los sabios tuvieron por indescifrables,
de violas y violines que prosiguen con raspidos
un discurso insulso,
la casa sombría no es protección,
los santos me dan la espalda, Dios
que me olvidas.
Tu rata, como sabes, vive hambrienta
en dormitorio desconocido, acurrucada 
contra el pie de una cama Sheraton
y pende de murmullos, de amenazas
refugiada en un gramo de oscuridad
con terror hacia un trayecto de centímetros.
¿Creen en Ti las ratas? … Quieren,
supongo vivir, frotarse el hocico con el hocico 
de sus congéneres,
durar con el estómago caliente
canturrear en la penumbra de sus festividades
hurtar carroña, soñar penetraciones,
no se sienten culpables sino ágiles
al corretear más allá de su agujero
o volver a él, muerden y matan 
lustrosas, lavadas en el placer, en el miedo,
entre el tufo de sus hijuelos, 
hembras y ancianos de la inmunda raza
pero Hoy es Tu mediodía
y ha quedado aislada, es rata
que me da un asco indecible,
asco también ella me tiene, nos odiamos,
va tentando el sendero de su cueva, 
ignorándola me escurro hacia otro lado, 
hacia las huchas donde guardo
la ginebra, ella
regresa a su poblado apestoso, 
yo, Señor, espero el llamado
de Tu voz,
solitario y ajeno. Tus criaturas
somos iguales, no lo repitas,
pero la rata tiene una consistencia
que yo no tengo, un orgullo, una indiferencia
de déspota, come mis detritos y está entera,
yo le tengo miedo, se aproxima el final, 
te pido una mirada, complacencia
por el poeta, tiempo bonancible, una flor, 
años de sueño, 
y Tu perdón, Dios, Tu perdón.
Juan Noel Mazzadi (1932-1993), El mal. Ediciones Salido. Junín. Buenos Aires. 1982.

La mano extendida, la mano levantada (Kioto)

Templos de Kioto barnizados
por inmensos engaños
los biznietos de los nietos de los
poderosos
-aquellos que pagaron las piedras
iniciales
quemaron el primer incienso
pidieron a unos dioses
tan ingenuos como ellos
vida repetida, felicidad de amor
perpetua,
oro, triunfos en la guerra.

los descendientes de aquellos
muertos
que murieron de pronto y solos
como cualquiera
esos conservan y veneran y
pintan
de rojo las espléndidas columnas
del Heián
cuidan los capiteles, las tejas,
la armonía verde de los parques
y así bajo la lluvia los Templos
crecen
vívidas gemas
altares de la imposible eternidad.

Sin embargo
cuando el ave Hoo del Paraíso
tiende a volar sus alas de bronce
y en el ocaso el Templo Dorado
se me aparece luminoso,
perfecto,
con su miel interior petrificada,
su pasiva entrega a la quietud del
agua,

empiezo a querer para mí que
vuelva
a renacer mi vida
que incontables veces el ciclo
se repita
añoro con dolor mi juventud
el triunfo en la batalla
que se inició perdida
el oro que no tendré jamás, el
amor
de cuando el amor era tan fresco
como los nevados cerezos del
Kiyomisu.

Ejércitos de ídolos del
Sanjúsangendó
alineados a la espera de mi
plegaria
condúzcanme hasta el Antiguo
Maestro
para que con su diestra
levantada
me enseñe
la resignación
y con su izquierda extendida
me haga el don del olvido.

De "Japón" Ediciones de la Pampa Chata. Junín, 1996.

"Vamos,
no hay que perder la cabeza..."

Es idiota recurrir a médicos,
sicólogos inexpertos, siquíatras o pastillas
si uno del tango sabe que fumar es malo,
malo el vino, malos los militares,
malo el copetín de madrugada.
Sabe en cambio que son buenas
las mujeres sabias
que preparan tus comidas,
que te encuentran y te pierden,
que siempre están llegando,
siempre partiendo.
Esta es la más antigua ley
del conventillo.

De "Tangos" 1989 Ediciones Salido
Junín, Bs. As.


Poeta y pianista publicó en vida El Mal (1982), Colección (1984), Los Mágicos (1988) y Tangos (1989) todos en Ediciones Salido de Junín. Dejó innumerables libros y escritos inéditos. Ediciones de la Pampa Chata publicó en 1996 el poemario Japón.








2/2/15

Ganarse la vida de niños (una anécdota de Carlos D. Aletto)

Mi primer negocio lo puse a los 10 años con mi amigo Daniel Durante (el personaje del cuento “Atalaya”) durante las vacaciones de verano. Era un kiosquito de golosinas. Daniel vivía en una casilla de madera, pero adelante, lentamente habían empezado a levantar paredes de ladrillos. Yo vivía en la casa de al lado, separados por alambre de púa. En la entrada de la casa de construcción, con unas latas y un tablón de albañil pusimos un mostrador. Con el dinero que habíamos ahorrado durante un mes compramos caramelos, chupetines, chicles y dos Jack (el chocolate con sorpresa). Los que leyeron mi cuento sabrán que las ideas de Daniel se caracterizaban por ser convincentes e ilusionaban al resto de los amigos, sobre todo a mí. Su propuesta comercial era vender más barato que el kiosco de la esquina (me imagino que inspirado en la publicidad liberal de la tv durante la dictadura donde en un desierto a un tipo muerto de sed le ofrecían un vaso de agua a 10 y el de al lado a 9, entonces el otro lo ponía a 8 y así hasta que el tipo optaba por tomar el más barato o morir deshidratado). Lo que no teníamos en cuenta es que nosotros comprábamos nuestra mercadería en ese mismo quiosco de la competencia (era nuestro proveedor y nuestra competencia), por lo tanto vendíamos con un precio más bajo que el que pagábamos. Nos dimos cuenta cuando fuimos a hacer la segunda compra y no nos alcanzaba para reponer lo vendido. Nos fundimos inmediatamente. Nos repartimos los Jack uno para cada uno y cerramos el kiosco, que duró dos días. Sentí que el comercio no era para mí, pero Daniel que era un hombre optimista (pensaba tener una concesionaria de autos cuando “fuese grande”) se le ocurrió poner una lona en la entrada de la construcción, poner un cartel “Casa embrujada” y hacer pasar a los chicos del barrio. Yo no era su socio, sino una especie de empleado: del otro lado de las paredes, con Mario, el hermano de Daniel, movíamos unas tanzas de pescar y unos hilos donde unas sábanas viejas y unos huesos de vacas que encontramos en los terrenos del campito intentaban asustar a los visitantes de la casa. En esos días, don Pepe, el papa de Daniel (un clon de Ron Damón del Chavo) empezó a poner chapas en el techo y se nos acabó el negocio. Habíamos juntado algunas monedas que no alcanzaron para comprar nuestra pelota número 5. Él siguió soñando con ser un empresario o que lo contrate un club importante de fútbol para salir de la pobreza, yo quería ser escritor y podía ganarme la vida siendo boxeador o astronauta.
Así nos fue.



Carlos Daniel Aletto




Carlos Daniel Aletto (Mar del Plata18 de enero de 1967), narrador argentino y licenciado en Letras.

Aletto fue el fundador y editor de la revista Unicornio, un caballo con suerte (1992-1994). En 2000 obtuvo el primer premio de la 3.ª Bienal Nacional de Arte Joven, con los cuentos «Atalaya» y «Los sueños de Liniers». En 1999 recibió mención en el Premio Municipal de Literatura Osvaldo Soriano con la obra Ciudad oculta (poesía).
En 2008 recibió el primer premio del Concurso de Cuento Clarín 2008.1 Los organizadores lo descalificaron, alegando que una versión de su cuento ya había sido publicada por una antología interna del Municipio de la Ciudad de Mar del Plata (sin la autorización del autor, sin ISBN, copyright, ni depósito ley). La Municipalidad de Mar del Plata, por su parte (según un informe oficial), desconoce haber realizado esta edición. Su obra premiada cumplía con los requisitos de las bases: no existía ninguna edición legal de la obra, por lo tanto era inédita. 2
En agosto de 2009 fue reconocido por unanimidad con el Primer Premio Internacional «Dante en America», organizado por el Consorcio de Universidades Italianas3 por su trabajo El Infierno de paja: Dante en «La cautiva» de Esteban Echeverría. El jurado estaba conformado por: Prof. Marco Santagata (Università degli studi di Pisa, Italia), Dr. Carlos Alvar (Universidad de Ginebra, Suiza), Prof. Mirko Tavoni (Consorcio de Universidades Italianas ICoN); Prof. Violeta Díaz Corralejo (Revista Tenzone:Asociación Complutense de Dantología, España); Prof. Lino Pertile (Harvard University, EE.UU.); Dra. Leonor Fleming(Latinoamericanista: Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta en Buenos Aires, Argentina) y Prof. Nicola Bottiglieri(Hispanoamericanista: Università degli studi di Cassino, Italia). El 10 de junio de 2010 presenta Antes de perder, libro que contiene la obra en conflicto con el Grupo Clarín, recibido con elogios por la crítica.4 En julio de 2012 edita Anatomía de la melancolía,5 6
7 novela de la cual ha dicho Ricardo Piglia
Es muy buena la novela de Carlos Aletto, la leí en la pausa ideal de la espera -un poco melancólica también- entre una mudanza y un viaje en avión, pero estaba tan entusiasmado con la prosa del libro que casi pierdo el vuelo.
Ricardo Piglia
Y en agosto de 2013 se publica su libro Diálogo para una poética de Julio Cortázar, un trabajo sobre la relación entre imagen y palabra en la obra del autor de Rayuela.9 En el 2013 recibe la primera mención de honor de los Premios Nacionales por su novela Anatomía de la melancolía 10 y el Premio Lobo de Mar a la literatura. En diciembre de 2014 formó parte de la delegación de escritores argentinos en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) (FIL) -organizado por la prestigiosa universidad de esa ciudad mexicana- que tuvo a la Argentina como país invitado de honor.11 En la actualidad es el director del SLT (Suplemento Literario Télam).

Obras


  • 1987: Delación de mis letras.
  • 2007: Capítulo Borges.
  • 2010: Antes de perder.
  • 2012: Anatomía de la melancolía.
2013: Diálogo para una poética de Julio Cortázar.


  • Fuente: Wikipedia