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7/2/23

Doris Bayly

 CUANDO PASAS EN BICICLETA

celestial paseas tu camisa
de flores
entre los árboles
y
las nubes me dicen
las nubes
nos
envuelven y caminan
entre los dos
dicen
que los ángeles
no tienen sexo
ni alas sobre los hombros
y pasan
leves
desnudos es mejor
andar
entre los árboles y suavemente
andar
sobre las nubes y
suavemente
volar
que el cielo
suavemente desciende
en alas de ángel
de las nubes
a tus ojos
y se nos van
las flores
volando.

CORDILLERA NEGRA

 

hierba luisa

o muña para el mal de altura

 

sal fuera

el tibio ambiente de la carpa prostituye

aunque es más cómodo estar guardados

hundidos los unos en los otros

sobre la manta a rayas

sobre la hierba

encendida

 

desnúdate bajo el nevado

el alud te cubrirá como velo de novia

o mortaja de neón

mientras los árboles

se agitan

pausadamente

 

no pasa nada

 

la cola del avión que cayó allá

por los años cincuenta

sigue deslizándose desde los seis mil

doscientos metros de jirishanca

aunque ya nadie recuerda a sus pasajeros

 

quizá porque la memoria

bajo la carpa es frágil

o la pipa

mejor que todas las estrellas

del cielo

 

y no pasa nada

 

MORIR EN LIMA

 

mi padre se tiró a mi madre

veinticinco o quizá veinte años

no sé

así nacimos todos nosotros

diez vivos

y dos que se fueron antes de llegar

 

mi padre y mi madre formaron la pareja perfecta

cuando en lima se estaba bien sin el resto del perú

eran bellos

pero nunca vi en sus rostros después de salir del cuarto

la cara de uno en la del otro

la plenitud luminosa y sosegada

de una pareja después de haber hecho el amor

 

nada que me diera curiosidad


PUEDO

ni hay palabra 

que se amolde

al balbuceo tartamudo de esta voz

rebotando a cuatro esquinas

en el eco 

de tus pasos


fumando un puro

se me va el silencio 

en humo de olas


              naufrago


después de la resaca

un cortado

            o las rocas



Doris Bayly (1962 - 2022) poeta, surfista, herbolaria y editora. 

3/12/19

Camila García Reyna


ya no creo en el cielo ni en el infierno
dudaría incluso de las reencarnaciones
como postura
para atender ahora
qué importa a dónde van
si van
lxs muertxs
no me preocupa si la pasarán mejor
aunque peor me cuesta imaginar
de más está decir
existen
estarán en lo exacto
como la estrella y el pez
la luz
los agujeros negros
   
no alcanzo a conocer su empuje ni su estela
apenas interpreto
percibo circunstancias
ninguna claridad
pero con “mis” muertxs
privadxs públicxs
voy ligandome
como una flor a un jardín
les doy margen en la memoria del agua que me nutre
les celebro
les dedico
esta manera de ser vida
con su perfecta porción de muerte
ineludible
el mismo vestido
hilvanado
con igual aguja
felices todos nuestros días
como los días del mar
que merece la orilla
sin dilaciones.
quiero a mi soledad como se quiere a un árbol
que da frutas y sombra en su justa medida
generosa
me dejo alimentar
descanso en ella
me siento acompañada
agradecida
aún sabiendo que no existe
como no existe el árbol sin el suelo
sin la hormiga
sin el agua
como no existe la sombra sin el sol
¿quién podría estar en soledad en un mundo súper habitado?
¿qué existencia es capaz de recortarse de la vida fluyendo?
por mi parte
le pertenezco al río
a la tierra
a la raíz
al águila
al corazón humano
a lo asombroso
al movimiento

Camila García Reyna nació el 27 abril de 1987 y es cordobesa criada en Cruz del Eje y Arroyito. Escribe sobre todo poesía. También juega y por eso publica libros y recita y lee, y participa de puestas teatrales y musicales, y coordina talleres de escritura y tejido para adultos, y de lectura y escritura lúdica para niños. Es Licenciada en Letras Modernas y apasionada por el mate y la comida deliciosa. Es un poco solemne, una pena, pero como se lo permite también se divierte con eso. En este espacio de amor habrá una porción de poesía que es una forma de aprender la paz, de reconocerse, de recordarse, de entregarse, de compartirse siendo. Un deseo de encontrarse en las hermanas, de respetarse, de estarse queriendo, de respirar lo que elegimos, confiadamente, un poco más alegres cada vez.

12/11/19

Eliodoro Terán

“Pido la palabra”

Ciudadanos del mundo,
en nombre de mi patria, pido la palabra.
En nombre de mi pueblo, sencillo como el agua de la acequia,
pido la palabra.
En mi pequeña morada comenzó la patria
allí todos gritaban en las noches cuando el puño del alcohol,
caía sobre el rostro de mi madre, recuerdo la sangre y los nervios,
los nervios en angustia de alambres aprensados;
en las noches ondas, pobladas de llanto y el miedo de los pequeñitos allá,
en la esquina más dolorosa de mi sangre, comenzó la patria.
La escuela vino después,
también la patria estaba allí avergonzada, humillada;
ocultando en los rincones más apartados, sus pies descalzos.
Y la patria me miraba acongojada desde mis propias pupilas nubladas,
desde mis manos vacías y mis sueños enturbiados.
A mi me mostraban la escuela poblada de azules campanas
y la patria cuajada de campos abiertos,
pero, pero mi patria gemía a 4000 metros sobre el nivel del hambre,
hombres que crecía como piedras paridas por la montaña,
desnudos y fríos como peces muertos,
moviéndose a penas, llevando a cuestas su grito
trancado como una roca clavada en lo más hondo, en lo más duro de la tierra.
No señores,
la patria no era solamente la escuela poblada de altas campanas
ni la tierra salpicada de lagos felices,
no era solamente los montes incrustados de cielo,
ni los desfiles en los días de fiesta,
era también la impotencia del hombre
cuando el pan se convierte en gemido detrás de las puertas,
era la muchacha que buscaba su vestido dominguero en la esquina de la noche;
eran las manos crispadas en los mercados,
y el llanto, extendido en las estaciones.
Mi padre borracho era la patria que pesaba sobre mis pupilas,
sobre mis labios, sobre mis zapatos rotos;
y con esa patria a cuestas yo asistí a la escuela.
La maestra, me mostraba siempre una patria
y un cielo a los que nunca pude comprender.
Una patria con héroes, con cerros de plata, con tierras llenas de árboles frutales;
pero yo tenía que regresar a mi casa en las noches, y allí estaba la patria,
en el pan para dos que nunca satisfacía a cuatro,
en las pupilas de mi padre abiertas
como dos diablos encendidos en medio de los niños.
No señores, no.
La patria no sólo estaba en los salones, ni en los discursos de los presidentes,
ni siquiera en la bandera y sus colores.
Yo encontré a la patria botada en mitad de las calles,
mientras la lluvia cercenaba sus carnes.
Yo la vi desgarrarse por coger un pedazo de carne y otro poco de pan,
y lloré su tragedia, porque teniendo hambre, se comió su libertad.
Y mentidme a mi ahora, mentidme.
Yo vi a mi patria en todos sus confines,
la sentí como un garfio clavado en mitad de mi angustia,
la llevé como túnica de yeso por todos mis caminos,
la sentí como el peso de dios sobre el pecado y busqué su voz
para multiplicarla sobre las campanas del tiempo.
Yo vengo en nombre del obrero y sus overoles manchados,
en nombre de mi padre y su vicio,
pagado con la desnudez de sus hijos,
en nombre de mi madre y su voz callada,
en nombre de los niños yo vengo,
en nombre de mi patria estrujada por manos sin salario.
Yo no vengo a pedirles nada, nada que les pertenezca.
Mi pueblo, mi pueblo quiere su paz,
quiere su barco para recoger de playas lejanas un canto de gaviotas nuevas,
quiere sembrar su trigo y levantar sus fábricas,
quiere que sus niños rían,
jueguen y salpiquen los campos como las gotas de rocío al alba,
quiere que todos crezcan a lo largo de los ríos como el trigo,
y que todos se hinchen de sol y de lluvia como las uvas,
en la cuenca dilatada de los valles.
En nombre de mi pueblo,
humilde como la hierba, sencillo como el agua de la acequia,
ciudadanos del mundo,
pido la palabra.


Eliodoro Terán, poeta boliviano


5/2/19

Selva Casal


En mí es de noche siempre
De De Ningún día es jueves, 2007.

Qué tengo yo qué tengo
por qué no tiene fin ya mi delirio
y en mí es de noche siempre
el mar duerme yo no
cansados de girar duermen los astros
cuajada iba la noche de diamantes
bajo el inmenso ojo lunar
hasta dónde los mares primeros repican
tal el caos y el orden
el miedo de pronto aparece
ellos duermen yo estoy alerta
de continuo el mundo me requiere
no es sangre brasas es lo que por mí circula
cuando has nacido no hay dónde esconderse
nosotros convivimos con la nada
perdemos el recuerdo
los días son manzanos ardientes
fruto de una crucifixión
a la que no hemos asistido
cómo podemos seguir viviendo
para ti el holocausto
la sorpresa de ser
como una bengala velocísima desaparezco
hay cuerpos.

Aúllan


Como quien prepara un complot
Se prepara el silencio
Los enemigos lloran
Ya les hemos entregado la vida
Pero lloran
Aúllan su extraño sueño
Mis vísceras sueñan tu mismo sueño
Viven un destiempo
Un río
Todo se oscurece.



Era un secreto 
Era un secreto 
donde los cuerpos todos al morir
 caían como constelaciones 
que el viento derramaba 
viví engendré hombres y bosques 
encarcelé la mediocridad 
hay un prado más verde que la noche
 más verde que el amor 
y el miedo a lo invisible apelo
 cuida mi cuerpo 
los cuerpos de los que han sido
 y los de quienes algún día serán


Selva Casal nació en Montevideo en 1934. Vive en Montevideo, alternando su residencia con el balneario Solymar. Su obra data desde 1954,destacándose la poesía como el género literario en el cuál se ha sentido más cómoda; no obstante ha incursionado también en ensayos y biografías de otros referentes del arte. Ha sido reconocida con múltiples premios tanto en su país como en Argentina y México ; siéndole otorgado en 2010 por parte de la Fundación Lolita Ruibal el Premio Morosoli de pesía.

8/1/19

Roque Dalton



Alta hora de la noche

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
Porque se detendría la muerte y el reposo
Tu voz que es la campana de los cinco sentidos
Sería el tenue faro buscado por mi niebla
Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta
No dejes que tus labios lleven mis once letras
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio
No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto
Desde la oscura tierra vendría por tu voz
No pronuncies mi nombre
No pronuncies mi nombre
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre

orígenes
I
tu pie descalzo ante la dura tierra: barro en el barro.
tu rostro unánime ante el pueblo: sangre en la sangre.
tu voz viril de campo enardecido: grito en el grito.
tu cuerpo, catedral de músculo rebelde: hombre en el hombre.
tu corazón de pétalos morenos, sin espinas: rosa en la rosa.
tu paso hacia adelante presuroso: ruta en la ruta.
tu puño vengador, alzado siempre: piedra en la piedra.
tu muerte, tu regreso hacia la tierra: lucha en la lucha.
anastasio izalco, lempa aquino:
desde que tú nacistes se ha hecho necesario apedillar
la lucha y ponerle tu nombre.
(fuego desde el jalponga y el huiscoyolapa,
grito desde el añil, amor desde la hondura de tus puños,
lava desde tu pecho hasta el chicontepeque,
pueblo desde el ayer hasta la vida.)
río y volcán: un hombre.
II

has nacido
para desentrañar la solución del odio,
para ascender, llevando al pueblo de la mano,
a la altura del trueno;
para romperle el alma al hambre,
para llenar de rosas liberadas la mirada del pobre;
para bordarle el corazón a la mañana
y establecer su exacta nitidez entre los pueblos que esperan;
para decirle al soldado, al cura,
al poeta repleto de soledades sórdidas,
a todo aquel que se quedó en la noche,
que aún contamos con él para construir el mundo proletario
que nos dará la dicha así,
sencillamente,
como se da la mano,
la tierra,
la esperanza…


Roque Dalton García (1935-75), poeta revolucionario, narrador, dramaturgo, periodista, ensayista salvadoreño. Eduardo Galeano lo recuerda así:
    "Roque Dalton, alumno de Miguel Mármol en las artes de la resurrección, se salvó dos veces de morir fusilado. Una vez se salvó porque cayó el gobierno y otra vez se salvó porque cayó la pared, gracias a un oportuno terremoto. También se salvó de los torturadores, que lo dejaron maltrecho pero vivo, y de los policías que lo corrieron a balazos. Y se salvó de los hinchas de fútbol que lo corrieron a pedradas, y se salvó de las furias de una chancha recién parida y de numerosos maridos sedientos de venganza… No se salva de sus compañeros. Son sus propios compañeros quienes condenan a Roque por delito de discrepancia. De al lado tenía que venir esta bala, la única capaz de encontrarlo."
    Obtuvo el premio Casas de América en 1969.
    Pensaba sus poemas como una visión latinoamericana de los conflictos actuales, que al mismo tiempo son los mismos desde los comienzos de los tiempos. Confiaba en desestructurar el compromiso, la desgarradura personal es inevitable.
    No era amigo de dar consejos a los escritores, pero deja estas ideas válidas en todo orden de la vida:
    - A los viejos escritores, que rejuvenezcan lo antes posible, a los que sean honestos, que sigan siéndolo.
    Fundó el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una base importante para lo que luego sería la guerrilla salvadoreña. Fue acusado de rebeldía, insubordinación, ser enamoradizo y soliviantar compañeros de lucha, ser agente de la CIA, etc. por compañeros que dijeron años más tarde pertenecer a la cultura del rock y sentirse más cerca de EEUU que del Soviet. Por ellos ejecutado el sábado 10 de Mayo de 1975,   sus propios compañeros de esa organización, y su cuerpo abandonado en un lugar donde los servicios de la Contra en el Salvador ejecutaban dirigentes gremiales y políticos.
    El asesinato de Roque fue “injusto, un error de juventud, el más grave que cometí”, le dijo el propio Villalobos, uno de sus ejecutores  casi 18 años después al periodista Juan José Dalton, hijo de la víctima, quien en 1993 lo entrevistó serenamente durante tres encuentros. El muchacho no admitió la explicación: “Ello sería aceptar que esa etapa de la vida –la juventud– es potencialmente criminal”, escribió en el periódico Excelsior, de México. 
    Sus ejecutores, asustados por la palabra "asesinato" lo niegan. Hablan de un "proceso político" que culmina con la desaparición física de Roque Dalton y otros miembros del ERP.

14/3/14

Affonso Romano de Sant'Anna

Los desaparecidos

De repente, por esos días, comenzaron
a desaparecer personas, extrañamente.
se desaparecía. Se desaparecía mucho
por esos días.

Uno iba a tomar una flor ofrecida
y se desvanecía.
Se eclipsaba la gente entre un domicilio y otro
o en el taxi que se iba.
Culpable o no, se esfumaba
al regresar de la oficina o de la orgía.
Madres agarrando sus hijos y sus compras,
gestantes con "tricots" y grupos de estudiantes
desaparecían.
Desaparecían amantes en pleno beso
y médicos en medio de una cirugía.
Algunos mecánicos se diluían
-apenas conectaban el torno del día.
Se desaparecía. Se desaparecía mucho
por esos días.

Se desaparecía, a ojos vistas,
y no era miopía. Se desaparecía
incluso a primera vista. Bastaba
que alguien viese un desaparecido
y el desaparecido desaparecía.
Desaparecía el más conspicuo
y el más oscuro se diluía.
Incluso diputados y presidentes se desvanecíam.
Sacerdotes, igualmente, levitando
iban, enrarecidos, a constatar en el más allá
cómo los pecadores partían.
Se desaparecía. Se desaparecía mucho
por esos días.
Los actores en el palco
entre un gesto y otro, y los de la platea
mientras reían.
No, no era fácil
ser poeta en esos días.
Porque los poetas, sobre todo,
-desaparecían.



Affonso Romano de Sant'Anna (Belo Horizonte, 1937)


Brasil







17/1/13

José Watanabe




EL CAMISON 
Mi madre dejaba su camisón colgado de la percha
cuando se iba al mercado
o a intercambiar infortunios con sus vecinas.
El camisón de mi madre tenía tetas, tetas
inagotables.
Eran la mejor fábrica de ese mundo perdido,
considerando que había otras igualmente silenciosas
donde se destilaban la sangre, las resinas,
y la savia de los grandes ficus de la plaza.

Mi madre, como los animales milagrosos, comía
hierba, miel y tierra
y producía leche de diferentes sabores, sin olvidar
los tóxicos.
Primero alimentaba a los muertos. Las madres perdían
muchos niños en el fondo de esas casas lúgubres.
Ellos les merodeaban siempre los senos
y yo imaginaba que bebían
mientras ellas se limpiaban a solas los pezones en los patios.
Yo estoy vivo. Mira ahora mis huesos, limpios y blancos
como lirios
porque tuve, entre vestidos viejos,
los mejores surtidores de la tierra, dos tetas pródigas
dejadas cuidadosamente en un camisón de lino.

José Watanabe


12/11/11

CALLEJÓN SIN SALIDA



Nunca hasta hoy se había hecho tan persistente



Definitiva precisa encarnada

Se vestía de sueños inefables y bengalas

Se vestía de mar y no navegaba en sus olas

Se vestía de navidad para avivar mi fantasía

Ahora me hace falta en estos recuerdos oscuros

Que luchan con sombras de espejos

Y con la dureza desnuda con que se embriagan los muertos

"Mi cuerpo en el potro exhibiendo su tortura

Como una vanidad -Ved ahora un potro en medio

Del escenario vacío- o mi yo disponiéndose

A recorrer una vez más los pocos pasos

Que caben en el callejón sin salida al que muestro"

Mi cuerpo y mis pensamientos en despojo

Ahora el agua estancada entre dos muros

La noche es una navaja que hace gemir la garganta

La lengua una antorcha gastada en la noche

Aquí golpeo y golpeo con mis puños la asfixia

Que me ahoga con su tizne la mirada



.................................





André Cruchaga, Nació en Chalatenango, El Salvador, 1957. Tiene una licenciatura en Ciencias de la Educación. Además de profesor de humanidades, ha desempeñado la función de docente en Educación Básica y Superior. Parte de su obra poética ha sido traducida al francés por Jean Dif, Danièlle Trottier y Valèrie St-Germain. Estas últimas, el libro antológico: “El fuego atrás de la ventana” (Le feu derrière la fenêtre) y Viajar de la ceniza. La poeta María Eugenia Lizeaga, por su parte, ha traducido el libro “Oscuridad sin fecha” al Idioma vasco (Euskera); y poemas sueltos, al holandés por Michel Krott. Jurado de Poesía de la XVI Bienal Literaria "José Antonio Ramos Sucre", Venezuela, junio de 2007.

Buena parte de su obra se encuentra publicada en diferentes revistas electrónicas de Argentina, Chile, España, Grecia, Estados Unidos, Colombia, México, Perú, Italia, Holanda.

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