27/6/08

DESAPARECIDOS EN ARGENTINA la ausencia que duele siempre









Su ausencia duele
su falta se siente
el dolor está siempre
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Pajaros en vuelo que no encuentran
no encuentran más la línea divisoria mar y tierra
antes y después
pero siempre son
Ser y estar
aquí y ahora
ahora y siempre
.

20/6/08

LA CRUZ Y LA ESPADA


Fotos de los desaparecidos bajo la dictadura militar de 1976–1983, en la semana de conmemoración del golpe de estado. Pasaje Santa Catalina, Córdoba, Argentina. El edificio blanco a la derecha es donde funcionaba la temible D2 durante el proceso militar. Cabildo de Córdoba. A la izquierda, el jardín de la Catedral de Córdoba. A la izquierda la cruz, a la derecha, la espada.



El 19/06 declaró Carlos Beltrán


-¿Qué hace? ¿A que se dedica? ¿De que vive? ¿Por qué le dieron de baja?

Se emociona y rompe en llanto.

¿Por qué se emociona? lo sigue indagando el magistrado.Beltrán se tranquiliza y comienza a encontrar la serena solvencia que marcó su declaración, empieza.


De la Quiaca a La Perla


Cuenta que cuando ingresó a la gendarmería su destino fue la Quiaca, pasó por Bs. As. En 1978 lo trasladaron a varios puntos de Córdoba.


El régimen de los gendarmes era rotativo, 15 días cubriendo un objetivo y siete de descanso. A Beltrán, como a tantos otros, lo pasearon por La Perla, La Perla Chica, La Ribera y la Penitenciaria de San Martín. Todos eslabones de la máquina de muerte que comandaba Luciano Benjamín Menéndez. Incluso hubo detenidos como Eduardo Porta, a los que los vio desfilar por los cuatro lugares.


Bajo la Gendarmería quedó la responsabilidad de custodiar las instalaciones de La Perla, recibiendo las órdenes de los oficiales y suboficiales de Ejército que manejaban los interrogatorios, torturas, secuestros y fusilamientos, los “verdugos” según el testigo.

Recuerda que antes del mundial de fútbol del año 78` pasó entre cuatro y cinco meses asignado en La Perla. Su conocimiento sobre el funcionamiento del lugar y la participación de los imputados dentro de esta máquina de matar son inequívocos.

Cuando volvía de una semana de descanso el número de secuestrados variaba drásticamente, dijo que a veces “cuando volvía ya no estaban, desaparecían”.


Cuando traían “paquetes” (denominación de los secuestrados) entraban con los autos del operativo anunciando un triple guiño de luces. Al bajarlos iban directo a la Margarita, sala exclusiva de torturas que contaba con una “parrilla” (elástico de cama), palos y picana eléctrica. A los gendarmes les ordenaban llevar hasta allí a los cautivos, luego se escuchaban los gritos junto a impactos de la cama contra el piso.


La suerte de los detenidos-desaparecidos es bien conocida por el testigo, que en una madrugada de invierno su respeto a la vida desafió a Manzanelli, que por la edad y el poder que tenía él identificaba como un Capitán, después supo que sólo era un suboficial: Una pareja de jóvenes fue sacada de La Cuadra donde estaban tirados los detenidos, vendados los subieron a un camión Unimog de Ejército en el que subió Beltrán. La caravana la completaban dos autos mas donde iban “Cogote Torcido” (Manzanelli), Gino (Padován) y el Yanky (Lujan).

Anduvieron a marcha lenta por la autopista a C. Paz, entraron por un camino a la derecha, se metieron en el monte. Recuerda que la chica estaba embarazada y al chico le quitaron la venda para que cavara su tumba. Los pararon y llamaron a Beltrán para que les disparara.

-“Yo entré a la gendarmería con otra doctrina, matar así es un asesinato, yo no lo hago” dijo-“La puta que lo parió, usted es un cobarde, no sirve para militar”, le respondió Cogote Torcido-“Yo soy bien macho, pero no asesino” retrucó el gendarme
Ahí yo me enojé y también lo putié reconoce, Manzanelli lo golpeó en el pecho, prometió darle de baja y además lo sancionó impidiéndole que regresara en el Unimog.
-“Le dije que se lo meta en el culo, que yo tenía piernas pa` caminar. También me quiso quitar el arma, pero no se la di.”
Los remataron a corta distancia, caídos en el pozo los rociaron de nafta y luego de reducidos por el fuego los taparon.
Al amanecer lo despidieron, la “rebeldía” del testigo llegó hasta la oficina administrativa encargada de las bajas, cuando leyó los motivos de su sanción pidió que se especificara en qué había consistido su desobediencia, pero el reclamo solo consiguió 15 días más de arresto. El no presenció más fusilamientos pero supo que todas las noches sacaban a 2, 3, 5 personas.


Los días de Beltrán en La Perla le permitieron conocer otros métodos empleados para eliminar. Narró conversaciones que escuchaba de boca de los hoy imputados en donde sacaban a los detenidos del Centro Clandestino para fusilarlos en la calle y presentarlos como abatidos en un enfrentamiento. Estos operativos eran llamados “Ventilador” y fue el elegido para “blanquear” el asesinato de las cuatro víctimas de esta causa.


Cerrando su testimonio Beltrán precisó que en dos oportunidades vio ingresar a Menéndez en La Perla, donde fue recibido por “Cogote Torcido” que le mostró “el hangar” donde estaban los prisioneros y la sala de las torturas: “Esta es la parrilla” dijo el anfitrión, “está bien” respondió el general.


Beltrán queda desocupado, el Tribunal y la democracia le agradecen su coraje. En un rincón los imputados discuten con sus defensores, de pie Padován y Manzanelli, quizá los mas involucrados en el relato del ex gendarme, increpan con su dedo índice, no escuchamos lo que dicen pero se los ve enardecidos.





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16/6/08


Con el objetivo de recolectar muestras de sangre para aumentar la identificación de personas desaparecidas está en marcha un proyecto a nivel regional.


Se llama Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas , y como su nombre lo indica, consiste en la comparación de perfiles genéticos de los familiares de las víctimas con los perfiles de los restos óseos que potencialmente pueden corresponderse con desaparecidos entre 1974 y 1983.


Hasta ahora, en Córdoba, gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) , ya fueron identificadas 14 personas que habían sido asesinadas durante la última dictadura militar y sepultadas en el cementerio de San Vicente. Entre ellas, Hilda Flora Palacios, una de las cuatro víctimas por las que van a juicio Luciano Benjamín Menéndez y otros siete represores.


"Si tenés un familiar víctima de desaparición forzada entre 1974 y 1983, una simple gota de tu sangre puede ayudar a identificarlo", dice uno de los lemas de la iniciativa.

Además del EAAF, otros dos grupos de profesionales latinoamericanos están involucrados: la Fundación de Antropología Forense de Guatemala y el Equipo Peruano de Antropología Forense.

Las tomas de sangre se realizan en todo el país de forma gratuita y los datos son confidenciales. Además de estas muestras, los antropólogos también invitan a los familiares a aportar datos sobre las historias personales de los desaparecidos, algo esencial para las tareas de identificación.



Contacto.


El teléfono de contacto en la ciudad de Córdoba es (0351) 153-555686 de 10 a 18, de lunes a viernes.

La oficina del EAAF en la Capital funciona en el Museo de Antropología, Hipólito Yrigoyen 174, teléfono (0351) 433-1058. A nivel nacional, el teléfono es: 0800-333-2334. En Internet. En el sitio del EAAF .

14/6/08

Poema de Daniel Durand










Fuimos con Daniel, Fabián y Fabián Fernández



para el cerro de la paloma


a bajar árboles y


agarramos uno fino y alto y


lo empezamos a hachar


para ver como caía y


al rato empezó a crujir y


con unos hachazos más se vino al suelo y


tembló la tierra y


quedó una polvareda,


ahora se armó un hueco grande por donde se ve el cielo,



el árbol cayó de espalda,


no pudo poner las manos cuando caía.



A los diez días habremos pasado con papá por el sendero y


al ver el árbol caído a los hachazos



empezó a putear contra los turistas,


mucho rato,


dijo que los que habían hecho esoeran unos herejes y


que no tenían perdón de dios.


Papá no pensó que fuimos nosotros,


creía que no teníamos fuerza todavía


para hachar árboles.


Nunca más haché árboles sin causa,


nunca le revelé mi verdadera fuerza


a mi padre.






Tercer Semana



Tres semanas. Nueve testigos. Ciento veinte asistentes en cada audiencia. Ocho imputados. La Perla. 32 años.
Nueve fueron los testigos que vencieron tres décadas de miedo y olvido para imponer la contundencia de la verdad. El coraje y la valentía de mirar de frente a sus torturadores y relatar ante un auditorio siempre completo los pasajes más escalofriantes y deshumanizados de aquel infierno. “Alguna día la democracia se lo agradecerá” fueron las palabras con las que, Martín Fresneda, uno de los abogados querellantes despidió a Piero di Monte.

El entusiasmo de los asistentes por estar presentes, conscientes de la trascendencia histórica que tiene este juicio se renueva día a día. Por el contrario, las butacas que ocupan los imputados, protegidas por una caja de vidrio blindado, se vacían sistemáticamente. Los genocidas que se creyeron dioses, dueños de la vida y amos de la muerte, no toleran escuchar sus aberraciones. Algunos argumentan enfermedades falsas, otros desconocen toda justicia que no sea militar y manifiestan su descontento enlutando la escarapela que cuelgan de sus solapas. Otros (la patota) se queda y anotan todo, aun pretenden intimidar con su presencia a los testigos. El dato es que el viernes pasado, como único testimonio se exhibió el documental “El Horror está Enterrado en San Vicente” y en esta oportunidad, por primera vez en lo que va del juicio, los ocho abandonaron sus butacas para refugiarse en una sala contigua, para no ver las evidencias de su horror. Se supo también que el televisor con el que los imputados pueden seguir el debate desde esta habitación, fue apagado por orden de Menéndez.









12/6/08

CENIZAS de Alejandra Pizarnick


La noche
se astilló
de
estrellas

mirándome
alucinada

el aire
arroja
odio
embellecido su rostro

con música.
Pronto nos iremos
Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.
El juicio sigue...
Susana Sastre, testigo ante el Tribunal Oral Federal N° 1 de Córdoba, relató su experiencia de ocho meses de detención en La Perla, donde fue objeto de una variada gama de tormentos, físicos y psíquicos.
Señaló que la mayoría de los detenidos en La Perla eran militantes de partidos políticos de izquierda, dirigentes sindicales, de organizaciones revolucionarias, gente de la cultura, así como personas que ni siquiera sabían por qué habían sido detenidas, pese a lo cual también pasaron a engrosar la lista de desaparecidos.
Ante una pregunta del juez José Muscará, Sastre dijo que no vio en el lugar a empresarios, gente de las finanzas, ni de partidos conservadores, aunque sí hubo religiosos, mencionando a varios seminaristas, a quienes recordaba porque fue la primera vez que vio una edición de la Biblia latinoamericana, y también a estudiantes secundarios del Manuel Belgrano.
“¿Usted estuvo nada más que 12 días en La Perla?”, le preguntó el presidente del Tribunal Oral N° 1, Jaime Díaz Gavier, a la testigo Ana María Mohaded.
“¿Nada más? ¿Le parece poco 12 días? Estuve 12 extensos días y 12 extensas noches.
Las noches eran duras en La Perla”, respondió de buen modo la sobreviviente de aquel campo de concentración que funcionó en Córdoba durante la dictadura.
Y contó en distintos pasajes de su testimonio que en esos “12 días” en La Perla fue sometida a la picana eléctrica, a golpes de todo tipo e, incluso, a un simulacro de fusilamiento.
Posteriormente, uno por uno, y acompañado por los jueces y las distintas partes, los cinco testigos que ya declararon en el juicio a Luciano Benjamín Menéndez recorrieron el centro clandestino de detención de La Perla. Se trata de una medida de prueba pedida por la Fiscalía en el proceso en el que se analiza el secuestro, tortura y muerte de cuatro militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) en 1977.
En el piso y en las paredes de la cuadra hay nombres de decenas de víctimas de La Perla, que fueron inscriptos por sus familiares y amigos como forma de recordatorio y homenaje.
Allí figuran René Salamanca, Eduardo Requena, Eduardo Porta, Daniel Burgos, "Negro" Trigo, Mónica Protti, Rubén Goldman, David Zarco Pérez, Oscar Reyes y los "compañeros" Brizuela y Navarro, entre otros.
Pero hay un grabado que conmovió hasta el filo de la descompostura física al testigo Piero Di Monte. "Compañeros secundarios desaparecidos", dice el texto de un afiche y allí figura el nombre de Oscar Liñeiras, el joven estudiante del colegio Manuel Belgrano que le confesó a Di Monte que iba a morir sin haber hecho nunca el amor. El estudiante jamás apareció.
Meschiati y la testigo Liliana Callizo coincidieron, por separado, en otro hecho tan cruel como desopilante: contaron que un 25 de Mayo el coronel César Emilio Anadón (ya fallecido) se presentó vestido de uniforme de gala e hizo formar a los detenidos en semicírculo. "Nos dio la mano a todos y nos dijo: ‘En el día de la Patria, feliz día", relató Meschiati. El desparpajo y la cabeza volada no tenían límites.
Cuando Callizo ingresó a la cuadra recordó que las "oficinas" donde masacraba Barreiro "estaban ocupadas por gente secuestrada". Y allí recibió la primera golpiza. Callizo dijo que Barreiro la amedrentaba con golpes físicos y psicológicos, como cuando la llevó hasta el ingreso a la sala de torturas y le bajó la venda de los ojos para que viera el estado terminal de las personas sometidas a todo tipo de tormentos.

10/6/08

“¿SABE USTED DONDE ESTÁ PARADO?”


Foto: Hilda Flora Palacios, una de las víctimas de la dictadura.

Cuatro carteles que sostenían integrantes del Archivo Provincial de la Memoria, el pasado 23 de mayo, cuando comenzaba el rojo del semáforo, interrogaban a peatones y automovilistas... “AQUÍ FUERON ASESINADOS POR EL EJERCITO HILDA FLORA PALACIOS, HUMBERTO HORACIO BRANDALISIS, CARLOS ENRIQUE LAJAS Y RAÚL OSCAR CARDOZO,” se marcaba al girar los carteles. Eran sostenidos en alto por cuatro jóvenes.

¿DÓNDE ESTAMOS PARADOS?

Me gustaría retomar esta pregunta para formularla a todos nosotros, mientras reflexionamos por lo sucedido en la década del setenta.


Ante la indiferencia de un gran grupo de ciudadanos, me desmoralizo a veces.


Cabe repreguntarnos todo el tiempo: ¿Sabemos dónde estamos parados? En una intersección de la historia, con la oportunidad de echar luz sobre la oscuridad, de tomar la palabra pidiendo justicia, ser un ejemplo y ponerle el cuerpo a la vida.


¿Tenemos lo suficientemente en claro que, nunca, pero NUNCA el gobierno puede ser tomado por la fuerza por un grupo de sediciosos del color partidario que sea? ¿Tenemos en cuenta y lo damos por seguro, que el poder Ejecutivo no puede emplear la violencia, el terror, el secuestro y el asesinato SIN JUICIO PREVIO? ¿Sabemos que en nuestro país no tenemos pena de muerte.


¿Sabemos que los PODERES PÚBLICOS SON TRES:

-EJECUTIVO
-LEGISLATIVO
-JUDICIAL

y que ninguno de ellos puede actuar independientemente, obviando la legislación existente?


Sabemos bien que por decreto el Gobierno de María Estela Martínez, viuda de Perón, decretó el exterminio de los grupos guerrilleros. ¿Era eso legal? ¿Alguna vez nos lo preguntamos? ¿Cómo iba a saberse quien era guerrillero y quién no, sin un juicio previo donde se presentaran pruebas?


Sabemos que la Junta Militar usurpó el gobierno en 1976, en la República Argentina.


¿ERA ESO LEGAL? PUES NO. NO LO ERA. Y LA CONSTITUCIÓN DICE CLARAMENTE QUE SI UN GRUPO DE SEDICIOSOS USURPA EL PODER, EL PUEBLO PUEDE ARMARSE PARA DEFENDER LA DEMOCRACIA.


NOSOTROS LO HICIMOS? REPITO... NO. NO LO HICIMOS.


Lo hicieron antes que nosotros, los grupos guerrilleros, CUANDO ONGANÍA (golpe militar a mediados de los sesenta) USURPÓ EL PODER, destituyendo a Arturo Humberto Illía, el presidente radical que había asumido la presidencia con los votos populares.


Sería hora de que tratemos de informarnos y formarnos mejor. Para juzgar los hechos pasados, es preciso conocer la ley y los hechos históricos, para no hablar por boca de ganso, como hacen muchos. Gansos, sí, que defienden a los militares asesinos de los setentas, que tienen aún en su poder a más de 400 hijos de desaparecidos.


http://www.eldiariodeljuicio.com.ar/cronica.shtml?x=88028 Información sobre el juicio a Menéndez y varios genocidas de la provincia de Córdoba, Argentina.



2008



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7/6/08

Descripción del Centro de Torturas y Detención ilegal La Perla Córdoba

Goodbye love

Didn't know what time it was the lights were low oh how

I leaned back on my radio

oh ohSome cat was layin' down some rock 'n' roll 'lotta soul, he said

Then the loud sound did seem to fade a ade

Came back like a slow voice on a wave of phase ha hase

That weren't no D.J. that was hazy cosmic jive

There's a starman waiting in the sky

He'd like to come and meet usBut he thinks he'd blow our minds

There's a starman waiting in the sky

He's told us not to blow it

Cause he knows it's all worthwhile

He told me:

Let the children lose it

Let the children use it

Let all the children ...

Juicio a Menéndez - Córdoba Argentina - Tribunales Federales - Junio/08



En la foto:


MANZANELLI Luís Alberto


Manzanelli es un secuestrador, torturador y asesino que participó en numerosos allanamientos, secuestros e interrogatorios. Entre sus pares se los mencionaba como "el mejor torturador", ya que llegó a asesinar a varios prisioneros en la tortura.


Alias el “hombre del violín” o “piazza”, matrícula de identidad 6.506.196, nació el 7 septiembre de 1938 en la Ciudad de Córdoba, casado, de profesión militar, se retiró con el grado de Suboficial Principal, su domicilio es en calle Juan A. Fernández 6528 del barrio 20 de Junio de la ciudad de Córdoba. Actualmente tiene 69 años.




5/6 Día 5 de iniciado el juicio


Hay una foto que no va a recorrer las redacciones y que no van a poder ver miles de argentinos: la de Menéndez y sus secuaces esposados. Es que en cualquier juicio común, cuando el acusado se levanta del banquillo es inmediatamente esposado por la policía.


¿Por qué a una persona, acusada de delitos mucho peores, como los de lesa humanidad, no lo esposan? Se supone que es mucho más peligroso alguien que ya torturó y asesinó, que alguien que robó una cartera o un auto...


No es un detalle, es muy importante el valor simbólico.


El jueves 5 de junio llegan los ocho acusados, con las manos libres, aunque las manchas de sangre no se le vayan después de 30 años. Se sientan en orden, como su condición elitista y clasista lo determina: en la extrema derecha el general Luciano Benjamín Menéndez, luego el coronel Hermes Rodríguez, y el capitán Jorge Ezequiel Acosta. Después vienen los “sunchos” (suboficiales): Luis Manzanelli, Carlos Alberto Vega, Carlos Alberto Díaz y Oreste Padován. Y al último, Ricardo Lardone, que era civil adscripto al Ejército.


Di Monte era un delegado gremial de la empresa láctea Sancor y estaba ligado al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) cuando en setiembre de 1976 es secuestrado y llevado a La Perla, donde luego se encuentra con su mujer embarazada de su primera hija. Cuenta cómo los dos fueron torturados salvajemente, con la picana principalmente, y cómo compartió momentos con los estudiantes del colegio Manuel Belgrano. Uno de ellos estaba seguro de que lo soltarían y le había dicho a Di Monte que iría a ver a su familia. Pero un día se dio cuenta de que lo iban a “trasladar” y se le acercó para decirle que sabía que lo iban a fusilar. “¿Sabés una cosa? Nunca hice el amor”, le dijo en ese adiós.


“Parece nada, pero el amor es el símbolo de la vida. No se lo dejaron hacer, lo truncaron antes”, dijo Di Monte.

Di Monte viajó especialmente desde Italia, donde vive con su familia hace años, para contar cómo funcionaba la que llama “maquinaria de muerte”, cómo Manzanelli y Acosta “eran como dioses”, porque decidías sobre la vida y la muerte de los que estaban en La Perla.


El relato es esclarecido pero al mismo tiempo emocionante y emocionado, habla de casos particulares pero también hace análisis profundos y generales, políticos y filosóficos.

Cuenta cómo torturaron y mataron a un médico de apellido Fernández Zamar y a su compañera Mariluz. Mientras tanto, de los imputados que quedan en la sala, Acosta es el único que lo mira, con las piernas cruzadas. Manzanelli con gesto adusto mira al frente, Díaz escribe y escribe, ¿quién sabe qué y para qué?, y Padován mira al suelo. En eso Di Monte dice que Manzanelli “era un cuadro, muy preparado ideológicamente”, y el imputado levanta la vista y lo mira de reojo, con la muerte en los ojos.


Cuenta cómo lo torturaron hasta la muerte a Luis Honores y a un chico de apellido Soria. Y en eso interviene la abogada oficial de los acusados, Mercedes Crespi: “¿Dígame, Di Monte, usted participaba de peñas o campeonatos de truco?”. El testigo la mira incrédulo ante lo que está escuchando. Toda la sala, incluidos los jueces, miran atónitos, ¿peña?. Todos pensamos lo mismo: “O esta mujer bate récords de ingenuidad mezclada con ignorancia, o de cinismo, otra no hay”.

“Hubo momentos en que se nos permitió cantar. ¿Pero usted sabe lo que era cantar ahí El mensú o Gracias a la vida, con los ojos vendados y abrazado a su compañera?”.“Un día, solo un día de la vida/ que pasa por tu ser con voz de siglos/ un día que se viste de infinito”, empieza El mensú, de Ramón Ayala.“No, no eran peñas”, le tiene que explicar Di Monte a la abogada Crespi.


El nudo en la garganta perdura, se va cerrando de a poco la segunda semana de este juicio, histórico, el más importante desde aquel a las juntas.


Extractado de:





6/6/08

Juicio a Menéndez - Córdoba Argentina - Tribunales Federales - Junio/08

Foto: Lardone. (fogonazo) torturador y asesino


SIN SALIDA



“Todos iban a morir a La Perla, solo era una cuestión de tiempo”.


En el cuarto día del juicio, Liliana Callizo da cuenta del destino que les deparaba a los secuestrados de La Perla.


El “traslado” era el procedimiento por el cual se sacaba a las personas detenidas de La Perla para fusilarlas. Las personas eran preparadas con vendas y mordazas, según Liliana “por Lardone”, y conducidos a camiones. Una vez en el lugar les hacían cavar su propia fosa y los mataban. En los fusilamientos participaban todos, de ese modo se aseguraban el silencio sobre los crímenes cometidos, a esto se lo conoció como “pacto de sangre”.





Cuando había menos gente para fusilar se hacían grupos de tres personas, para garantizar que nadie quedara sin participar en la represión ilegal.La metodología del traslado estaba integrada a una estrategia de amenaza continua. Todos las personas que pasaron por La Perla tenían un número, Liliana era el 375. Cuando se producían los traslados, los torturadores iban llamando de a uno, en voz baja y tocándole los talones para que se levantasen.


“Cada vez que había un movimiento de camiones la vida se endurecía” recuerda Liliana.





“Mantenían la incertidumbre como método de tortura permanente”.


Liliana describe cómo con Raúl “Colo” Levín habían acordado un método para encontrarse. Una forma de sobrevivir que habían plagiado de un libro Jorge Semprúm sobre los campos de concentración del nazismo. Cuando uno pedía ir al baño el otro hacía lo mismo, de ese modo podían constatar que el otro todavía estaba ahí y, mientras se lavaban, se tocaban las manos, intercambiar algunas palabras, se veían. “Compartir un poco de ternura para sobrevivir”. A los diez días después de haber sido secuestrados, ya no volvió a escucharlo: “grité ‘baño’, pero no escuché nada, no lo vi más al Colo”.





Mujeres, negros y Judíos.





“Yo como mujer fui víctima de una doble represión: la política y la sexual”, analiza Callizo. Y explica que las miradas de género no eran algo que se discutía en esos años, pero cuenta que la tortura era especialmente cruel cuando se las aplicaba a las mujeres. Relata que a los pocos días de estar secuestrada la llevaron vendada y disfrazada a una casa, donde Herrera la conduce a una habitación y la viola. “Muchas mujeres eran violadas, abusadas. Cuando a alguno le gustaba una mujer llamaba a todos para que la vieran desnuda”.También reconoció que había una cuestión muy clasista y racista entre los torturadores. “Avendaño decía siempre, a mí me matan seguro por que soy negra, yo le decía que no pero así fue, la mataron”. Y explica que el grupo de los viejos que fueron quedando eran todos “blanquitos”.


Luego recuerda que a su amigo Levín, mientras lo golpeaban, le gritaban “Judio de mierda”. A los 10 días de haber caído lo mataron”.





El regreso del terror“Esto se parece a La Perla”.





Las palabras suenan extrañas pero precisas en medio de la Sala de Audiencias. Liliana Callizo condensa así la sensación que atraviesa el ambiente cada vez que los abogados de los 8 acusados intervienen para interrogarla, particularmente Cuesta Garzón y Agüero. El trabajo de la Defensa pretende minuciosidad de orfebre: se monta sobre expresiones aisladas y descontextualizadas, aprovecha cada oportunidad de malentendido, escarba allí donde el dolor está más confuso y latente.A través de su testimonio, Liliana Callizo va revelando con su historia los engranajes de una maquinaria del terror. Liliana habla claro, firme, desgrana un relato que ya narró muchas veces y que persiste en ese terrible equilibrio en que las cosas necesitan recordarse para alcanzar la justicia, pero también necesitan olvidarse para poder seguir viviendo.


Después de casi cuatro horas de revivir lo más terrible de sus historias le queda todavía enfrentar las preguntas de la Defensa. Durante la declaración, los abogados de los acusados trataron de resaltar expresiones descontextualizadas de Callizo, en gran parte aclaradas por el presidente del Tribunal para evitar una mala interpretación de los dichos de la testigo.La Defensa pretende poner en duda las afirmaciones de Callizo: cómo pudo ver ciertas cosas si estaba vendada.


Se trata de cuestionar la veracidad de su relato. Sobre este punto las preguntas de los defensores de Acosta, Jorge Agüero y Alejandro Cuesta Garzón, son particularmente rebuscadas y ensañadas, al punto que la testigo las asimila justamente el tipo de tratos y de interrogatorios que sufrió en La Perla.La estrategia repetida
En sus relatos, Liliana da cuenta de la presencia en La Perla de las cuatro víctimas (de Brandalisis, Cardozo, Flora Palacios y Lajas). Recuerda que se trataba de un grupito que estaban al fondo a la izquierda de los baños, que tenían muchas dificultades para caminar, por las torturas y que una compañera que les llevaba comida le había contado que estaban muy golpeados.Los defensores le reclamaban recordar en tal sentido –32 años después- la ubicación exacta en que residían los aproximadamente 40 secuestrados que estaban en la cuadra en La Perla a fines de 1977. La testigo identifica la ubicación de distintos grupos según la fuerza política a la que pertenecían, pero no la de cada persona. La estrategia de socavar la veracidad del testimonio es tal que aferrándose a la descripción de los chispazos vistos por Callizo en su descripción de las torturas que presenció a Falik de Vergara, la Defensa pide un perito para determinar si tales chispazos son posibles y de ser así, si no hubieran puesto en riesgo a todos los presentes. Pedido que la cordura del juez Díaz Javier les advierte que no va a convocar un “perito en torturas” para comprobar dicha situación. Así fueron cayendo uno a uno los bombardeos al testimonio de Liliana Callizo.Otra gran parte de las preguntas de los abogados defensores apuntan a evidenciar una supuesta complicidad de la testigo con los militares de La Perla: desde relaciones con alguno de ellos hasta participación en el secuestro y muerte de personas cercanas.





La virulencia de las preguntas llega a tal punto que la interrogan sobre si había “entregado” a sus amigos y esa era la razón de su propio secuestro. Esta actitud obliga al Juez a denegar esa pregunta e impedir a la testigo a contestar.De todas maneras, cada una de esas supuestas complicidades no son confirmadas por la testigo ni se infieren de sus dichos, con lo cual también echó por tierra la estrategia de la defensa dirigida a cuestionar a los testigos, que se repitió en días anteriores y que seguramente reaparecerá a lo largo del juicio. Lo que resulta evidente es su escasez de elementos para defender a los acusados y para deslegitimar a los testigos.
Alrededor de las 20, el Tribunal dicta el cuarto intermedio hasta el jueves a las 9:30.La noche del 31 de agosto de 1977, Liliana Callizo con sus amigos, el “Colo” Levín y Mirta Nieri compartían uno de sus tantos encuentros en los que leían literatura internacional. Jorge Semprúm y los relatos de estrategias para sobrevivir y resistir al horror de los campos de concentración nazis de Buchenwald. Juntarse en el lavatorio, cruzarse, tocarse las manos, darse fuerzas, ver a alguien conocido.Hoy, en la noche del 04 de junio de 2008, Liliana Callizo entrega su testimonio a la construcción de la verdad y la justicia para todos los argentinos. Un lugar donde muchas manos se juntan para compartir dolores, reconocerse y darse fuerzas para seguir adelante.








http://www.eldiariodeljuicio.com.ar/cronica.shtml

5/6/08

CAUSA BRANDALISIS: JUICIO A MENÉNDEZ Y OTROS GENOCIDAS


En un extenso y sólido testimonio, la sobreviviente Teresa Meschiati describió en detalle la estructura interna del campo de concentración y los padecimientos de sus prisioneros, entre los que recordó a las cuatro víctimas de esta causa: Humberto Brandalisis, Carlos Lajas, Hilda Palacios y Raúl Cardozo.


La Asistente Social, hoy jubilada del Estado suizo (donde se exilió 25 años), es la primera testigo en la causa Brandalisis. En seis horas de declaración ratificó que por La Perla pasaron unos 2000 prisioneros. Asegura que Luciano Benjamín Menéndez visitó dos veces el lugar y que además les robó a los Montoneros dos valijas con dólares que no repartió.La Defensa, por su parte, comienza con tácticas intimidatorias y de amedrentamiento obligando a la testigo a dar el nombre de una compañera.


Con voz segura, Teresa Meschiati, reconoce a los acusados; uno a uno los nombra por sus apellidos y alias. El abogado de la familia Lajas -Mauro Ompre- indaga sobre el aspecto de Acosta que lleva pelo largo, barba y bigote. Responde que en aquella época ya usaba el pelo a la altura de los hombros. Tras reconocer sus anteriores testimonios y firmas realizados ante Naciones Unidas (1980) Conadep (1983) y en Córdoba (2003), ratifica esos dichos y comienza el interrogatorio.


"Perdiste, Tina"


La sobreviviente, capturada el 25 de septiembre de 1976 y liberada en 28 de diciembre de 1978 inicia su testimonio con la descripción de la tarde en que fue secuestrada en las proximidades de la Iglesia San Ramón Nonato de la Ciudad de Córdoba: “Bajé del colectivo y “Ángel” me apunta con una pistola”. Ángel es el comandante Quijano a quien describe como un “joven delgado, cadavérico”. De inmediato es atada como “un salchichón” y la introducen en la parte trasera de un coche. Allí escuchó que Luis Manzanelli le decía: “Perdiste, Tina”. Nunca imaginó lo que le ocurriría, en los veinte minutos siguientes, a lo que tiempo después supo que era La Perla. En ese viaje al horror iban Fermín de los Santos, Manzanelli y Ernesto Barreiro. Su esposo, dirigente montonero, permanecía en la casa con su hijo de dos años y medio.En su relato afirma que Barreiro era su “responsable, unas diez personas lo acompañaban. Allí vio a una militante que se creía muerta: Graciela Roldán, esposa del oficial montonero Sabino Navarro.Luego fue conducida a la sala de tortura conocida como "terapia intensiva". Le aplicaron picana. Señala como torturadores a Héctor Raúl "Palito" Romero -el más sádico-, Ernesto Barreiro, Luis Manzanelli y Arnoldo José "Chubi" López. Fue una larga sesión de tortura que le llevó más de un mes de recuperación. Aunque no presenció hechos como éstos, asegura que además de oír gritos “veíamos las consecuencias. Los sacaban envueltos en frazadas”. Describe a la “cuadra” como un galpón de unos 10 metros de ancho y 50 de largo, varias veces poblado de prisioneros: “En 1976, hubo unas 150 personas”, por vez.
En la foto, de izquierda a derecha, Acosta, Rodríguez y Menéndez.


¿Quién era Acosta?

Jorge Ezequiel Acosta , alias “Rulo” o “Sordo”, matrícula de identidad 6.656.080, nació en 1945 en Paraná, provincia de Entre Ríos, Argentina. Hijo de Clemente Jorge y de Carmen Aurora Franco. Estado civil divorciado, de profesión militar, se retiró con el grado de Capitán. Su domicilio ante la justicia está fijado en Venezuela 1177, Capital Federal. Actualmente tiene 62 años.



Desde septiembre de 2003 se encuentra cumpliendo prisión preventiva en las dependencias del 3º Cuerpo de Ejército por su participación en el secuestro y la aplicación de torturas a Hilda Flora Palacios.En 1976 se desempeñó como jefe de la patota de operativos especiales (OP3) de “La Perla”. Al año siguiente, cuando Vergéz es trasladado a Bs. As., queda como jefe de este CCD.Aparte de su sadismo, se caracterizaba por corrupto. Actuaba a cara descubierta con mucha seguridad y arrogancia. Realizaba operativos comando en los que se hacía pasar por guerrillero para robar autos que luego utilizaba él o los destinaba al funcionamiento de “La Perla”.Entre sus prácticas conocidas estaba establecer contacto con los familiares de los detenidos exigiendo el pago de coimas para liberaciones que nunca se concretarían, durante los operativos de secuestro se apoderaba de todo tipo de bienes de las víctimas. Por esta razón, en 1977 el entonces Gral. Centeno le ordenó un arresto de un mes.Disfrutaba intimidando a los prisioneros.


Otras veces tenía actitudes que confundían, era amable y cruel a la vez. Extrañamente evitaba las sesiones de tortura. En una ocasión demostró su valentía asesinando, con su propio cuchillo de paracaidista, a un detenido-desaparecido de apodo JOE, estudiante de medicina.Alcanzó el grado de Capitán, provenía del arma de Infantería especializado en paracaidismo.Durante las jornadas de la revuelta popular del cordobazo en mayo de 1969, siendo subteniente, participó del aparato represivo jactándose él mismo de haber asesinado a 7 trabajadores.En 1974 se desempeñaba como oficial del batallón de Catamarca que fue atacado por un comando del Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP).


Participó en la búsqueda y cerco de los fugitivos, en esa oportunidad fueron fusiladas 17 personas.En 1978/79 fue trasladado a un batallón de Bs.As para realizar tareas de contrainteligencia en las Fuerzas Armadas.En 1979 sufre un accidente grave en un salto de paracaídas y es dado de baja, pero todo indicaría que siguió ligado a la Central de Información.


Fue imputado por la justicia Italiana por crímenes cometidos contra ciudadanos italianos durante la dictadura.


Durante años su impunidad estuvo garantizada por la Ley de Obediencia Debida.