27/12/18

Pecas Soriano

Un salto a lo indecible

                                               "y si tu alma se curase de sus males, se moriría" 
A. Porchia 
                                                                                    
El poeta es un ser común, con una bandera imprescindible: hace que su alma piense.  Y luego traduce y traduce con una tinta interminable.  Aunque....traducir el alma, no es tarea sencilla. 
Esta traducción desarmoniza al silencio y al habitual equilibrio de las palabras cotidianas.  El poeta hace renacer a la palabra, la recrea, la acaricia, la violenta, la trasciende. 
El lenguaje del poeta es un salto a lo indecible. 
La dificultad extrema de la poesía consiste en  transgredir el orden y la tranquilidad habitual de las palabras, en vencer su tremenda resistencia a ser recreadas. Sin embargo, esto en los grandes poetas se da en forma más natural. Con un natural sufrimiento.   
La dificultad del poeta consiste en parir en el momento justo antes de que se rompa la cáscara.  En azotar su corazón contra las piedras, rastreando las huellas de la palabra verdadera. 

....................................... 
la sangre se desborda 
por las rendijas del mundo. 

La imagen poética nutre del fluido vital a las palabras, y este proceso a pesar de ser traumático para quien lo ejecuta, a veces es vivido con la naturalidad de la respiración, o el misterioso encanto de mirar un vaso de agua. 

..................................................... 
Empezar a juntar la lluvia  
en la concavidad del hombre 
en sus desiertos interiores. 

En la agonía del alma, el agua. 

Dejar que la lluvia siga 
hasta inundarnos 
y llorar entonces  
la palabra justa. 

Según Octavio Paz, "El poeta encanta al lenguaje por medio del ritmo.  Una imagen suscita a otra.  Así, la función predominante del ritmo distingue al poema de todas las otras formas literarias.  El poema es un conjunto de frases, un orden verbal, fundado en el ritmo." 
El ritmo lo da la imagen, la musicalidad, la metáfora justa, no la métrica. 

Cuando agonice la palabra 
cavaremos en los ojos 
buscando el sonido de la mirada. 

Cuando se acabe el canto 
caminaremos de noche 
hasta intuir los grillos. 

Cuando el amor peligre 
nos andaremos rastreando 
hasta encontrarnos. 

Hay ciertos momentos en los que el poeta tiene el temor de refundar la palabra en el tiempo inadecuado. 
¿Cuál es el instante preciso? ¿Cómo proteger al verso del viaje prematuro? 

Hay que saber emigrar a tiempo. 
Abandonar la cáscara antes del crujido. 
Doblar el cuerpo con cuidado 
y dejarlo invernando. 
--Deben haber mejores sitios 
para que el alma habite.-- 
Mirar profundamente  
el rastro de las golondrinas. 
Acopiar todo el celeste posible. 
Recordar el vuelo 
no como un mero ejercicio de memoria 
sino como una brisa necesaria. 

Hay que saber emigrar a tiempo. 
Aunque siempre se vuelva. 

La vida es el viaje. 

Ese viaje permanente de un pájaro quieto, que vuela sin moverse. 

Habría que esconderse 
detrás de una gota de rocío 
a escuchar los grititos de la vida. 

El ruido de las hojas  
al caer del lomo de las hormigas. 

El sonido del barro 
cuando un hornero 
lo levanta en su pico. 

Hasta que con su imperceptible muerte 
la gota deje de ser 
y nos ponga al descubierto. 

La poesía es la mayor desnudez del hombre, la "intemperie sin fin" de la que nos hablaba Juan L. Ortiz.  Es, ese bucear inerme hacia lo desconocido, sin ataduras ficticias, sin la mochila de lo aparentemente real.  Es, la verdad Juarrociana cuando dice:" Hay una única forma de entrar en la poesía: estar adentro". 
La poesía mueve al hombre mas allá de sus límites absurdos, lo saca del cuadro, de la superficie estudiada, y lo deja flotando en el aire, para que remonte la vida, como si recién comenzara el viento. 
El lenguaje del poeta es un salto a lo indecible. 

Estos ojos que no lloran 
están sostenidos 
por una lágrima 
que no puede abandonarlos. 

Si mi piel se moja 
todos sabrán de mi tristeza. 

Pero si la lágrima 
cae para adentro 
ya nadie salvará mis ojos. 

Manuel del Cabral nos advertía en una de las más brillantes definiciones de poesía (según Paul Eluard, la mejor): 

“Agua tan pura que casi 
no se ve en el vaso de agua. 

Del otro lado está el mundo. 
De este lado, casi nada... 

Un agua tan pura, tan limpia 
que da trabajo mirarla.” 

Pero la tarea del poeta no es el resultado de un trabajo, ni su escritura es un oficio.  El poeta es.  Vive y respira a través de un hombre cotidiano, con sus miserias y alegrías, sin embargo la suya es una lucha constante de lobo estepario. 

Pero yo no sé muy bien quién es ese que nombro. 
Mis recuerdos aletean entre mis sienes buscando luz 
en una bruma de pájaros sin memoria. 
¿Será mi voz mi canto de aquel tiempo escondido 
cuando mi lengua danzaba entre voces inocentes? 
¿Quién es ese que habla con el sonido de mi sangre? 
Ya nada se oye, la niebla ha silenciado los espejos. 
Ya nada se distingue, el tiempo ha mezclado las barajas. 

Pero no busquen en mi ese que fui creciendo. 
Este cuerpo que me lleva, y que a veces va conmigo 
está poblado de agujeros por donde partieron los ángeles. 
¿Qué quieren de mí? 
Apenas puedo llevar el peso de mi sangre. 
Apenas puedo soportar a estos dos hombres 
que me han elegido como campo de batalla.

¿De quién será mi voz después de la ceniza? 

Quizás nos haga falta encontrarnos en una de las tantas Voces de Antonio Porchia cuando decía: "Cuando no ando en las nubes, ando como perdido." 
El poeta es el punto de inflexión desde donde se pueden captar las fuerzas necesarias para trascender lo real. 
El poeta es un salto a lo indecible. 

A veces el hombre 
es un pájaro 
que ha perdido 
la memoria de sus alas. 
        

Pecas Soriano: 


Carlos “Pecas” Soriano es médico especialista en Emergentología del Hospital de Urgencias de Córdoba y ex docente de la cátedra “Bioética” en la Universidad Nacional de Córdoba. Además de un gran poeta, es un médico que traduce su alma para “desarmonizar el silencio y el habitual equilibrio de las palabras cotidianas”. Radicado en Madrid en 2001, escribió “Llueve sobre el exilio”, reflejando la añoranza por su tierra. Vivió un año allí y regresó a Córdoba, nuevamente a los pasillos del Hospital de Urgencias, el lugar que eligió para vestirse de blanco y defender la salud como un poeta de este tiempo. Es médico desde hace 35 años y escribe poemas en el pizarrón de la sala de Terapia Intensiva para mitigar la soledad de los pacientes. En noviembre de 2017 presentó su último libro: La muerte silenciosa, donde narra la huelga de hambre más conocida de los últimos tiempos en que recibió apoyo generalizado de la población, que se acercó hasta su trailer instalado frente a la obra social de los empleados públicos cordobeses. Se organizaron festivales musicales en la puerta del APROSS al que asistieron músicos, políticos, escritores, poetas y gente de a pie. Dicha huelga la realizó en protesta por las falencias de la obra social APROSS no sólo para él, sino para todos los afiliados que se acercaban en masa mientras estuvo en huelga, para contarle sus penurias con la obra social que se descubrió ya no lo era como fue antes.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

[a]Vertientes de pensamiento[/a]